Cuando nos aprietan las clavijas

Cuando nos aprietan las clavijas

Pregunta: Si Dios me ama, ¿por qué permite que me sucedan desgracias?

Respuesta: Las tribulaciones presentan sus ventajas: nos acercan a Jesús, nuestro Salvador y Amigo, y en consecuencia nos unen también a Dios. A raíz de los desasosiegos buscamos seguridad y cobijo en Sus brazos, y hallamos eso y mucho más. Él nos ama con un amor eterno e inalterable. Es mucho lo que nos ofrece; quiere prestarnos Su ayuda de mil maneras. Anhela pasar ratos con nosotros. Desea que vivamos muy unidos a Él, siempre a Su lado, para instruirnos y hacernos más semejantes a Él.

Desgraciadamente, la naturaleza humana es tal que cuando todo marcha bien no sentimos el apremio de acudir a Dios para pedirle fuerzas y auxilio. Cuando las cosas salen a pedir de boca nos convencemos erróneamente de que somos fuertes y autosuficientes y de que no necesitamos a Dios. Vivimos contentos y nos va bien; por ende, no precisamos ayuda, que a veces incluso catalogamos de injerencia.

No nos damos cuenta de lo que nos perdemos. Pero Él sí. Sabe bien que lo necesitamos y que nos podría ofrecer una vida mucho más rica si dependiéramos más de Él.

Quiere enseñarnos a apoyarnos en Él y echar mano de Sus fuerzas, infinitamente superiores a las nuestras. Pero, ¿cómo puede suceder eso si lo desestimamos o lo marginamos de nuestra vida?

Si nuestra vida estuviera exenta de pruebas y tribulaciones, no sentiríamos la necesidad de refugiarnos en Sus brazos ni aprenderíamos que comulgando con Él y con Su Palabra obtenemos fuerzas y consuelo.

Puede que la siguiente afirmación no te parezca muy auspiciosa, pero en el fondo lo es: Dios no solo permite que tengamos dificultades, sino que en muchas ocasiones es Él mismo quien nos las envía. Las concibe a la medida de cada uno, y ello con el expreso propósito de acercarnos a Él. Nos aprieta las clavijas para que le pidamos ayuda; no con la intención de hacernos daño ni castigarnos, sino para fortalecernos. Sabe que si depositamos nuestra confianza en Él aumentará nuestra fortaleza espiritual y nuestra resistencia y capacidad de recuperación ante las dificultades de la vida; y que si nos acercamos a Él y nos hacemos más como Él, a la larga nos sentiremos más felices y satisfechos.

Si nos volvemos a Jesús en la hora de la adversidad, en medio mismo de la prueba nos demostrará cuánto nos quiere. Tal vez lo que nos perjudica no desaparezca instantáneamente; no obstante, nos dará «la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento», y nos ayudará a apreciar el bien que está obrando en nuestra vida1.

1. Filipenses 4:6,7
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