El arte de nadar

El arte de nadar

¿Has observado que al atravesar un mar de penurias y dificultades unos se quedan a flote y otros se hunden y tocan fondo? ¿Qué distingue a los nadadores de los que se ahogan? Según he podido constatar, un factor determinante es la fe en el amor de Dios. La persona que es consciente del profundo amor que Dios le profesa tiene la confianza de que Él nunca la abandonará a su suerte, por mucho que las olas le pasen por encima. A diferencia de los que no creen, no malgasta fuerzas luchando por conservar la cabeza fuera del agua. Tampoco entra en pánico, lo cual sería aún peor, pues se iría al fondo más de prisa. Los nadadores se mantienen a flote sostenidos por su fe y más bien emplean sus energías en llegar a tierra firme.

Si te identificas más con los ahogados que con los nadadores, prepárate para el próximo período de zozobras fortaleciendo tu fe en el amor de Dios. El alcance y la profundidad de ese amor superan nuestra comprensión. No obstante, la Biblia lo compara con el amor de un padre por sus hijos. «Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por Sus fieles.»1 A Dios no le produce ninguna satisfacción vernos en apuros. No pretende complicarnos la vida. Está de nuestro lado, y no desea otra cosa que vernos felices y realizados. Eso no significa que nunca vaya a permitir que sufras contrariedades; pero puedes tener la certeza de que te socorrerá cuando te encuentres con el agua al cuello. Es más, hay un versículo de la Biblia que promete justamente eso: «Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán».2

Para aprender a nadar, antes que nada es preciso aprender a flotar. Y para eso, la primera lección consiste en relajarse y no batallar con el agua. Ponte en manos de Dios, recuéstate y deja que Él te sostenga. Practica en aguas poco profundas y estarás preparado para lo que te depare el futuro.

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Un nuevo comenzar

Cuanto más me acerco al fin, con más claridad se oyen las sinfonías inmortales de mundos que me invitan. Durante medio siglo he estado traduciendo mis pensamientos a prosa y verso: historia, filosofía, drama, romanticismo, tradición, sátira, oda y canto; he probado todos estos ramos. Y, sin embargo, considero que no he expresado ni una milésima parte de lo que reside dentro de mí. Cuando me vaya a la tumba puedo decir, como lo han dicho otros: «Acabó mi labor del día». Pero no puedo decir: «Mi vida acabó». Mi trabajo recomenzará a la mañana siguiente. El sepulcro no es un callejón sin salida; es una avenida. Se cierra en el crepúsculo, pero se abre al alba. Victor Hugo (1802–1885)

1. Salmo 103:13 (Biblia Didáctica)
2. Isaías 43:2

Keith Phillips

Keith Phillips

Keith Phillips fue jefe de redacción de la revista Activated, la versión en inglés de Conéctate, durante 14 años, entre 1999 y 2013. Hoy él y su esposa Caryn ayudan a personas sin hogar en los EE.UU.

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