Mantenerse en pie

Mantenerse en pie

Hace poco, junto con dos amigos y mi hermano, participé en una carrera muy especial: la Fisherman’s Friend Strongman Run. El recorrido, de 15 km, incluía 30 obstáculos de diversos grados de dificultad. Había lodazales en los que se le hundían a uno los pies rápidamente, y para evitarlo había que mantenerse en movimiento constante. También había tramos en ríos de agua helada, que había que cruzar a nado o vadear, lo que ponía a prueba el aguante de los competidores. Redes, zanjas, neumáticos, pendientes pronunciadas… motivos más que suficientes para decirse interiormente: «Yo no puedo lograrlo». Pero la verdad era que sí era posible.

Un buen amigo nuestro que es un atleta consumado nos dijo entre risas: «Si logran mantenerse en pie llegarán a la meta». En más de una ocasión quedó demostrada la validez de aquellas palabras. Justo cuando sentía que no daba más, que me dolían los músculos hasta casi acalambrarse, pensaba: «Solo tengo que mantenerme en pie y seguir adelante». Paso a paso, obstáculo tras obstáculo, atravesando lodo denso y caliente y corrientes de agua helada, conseguí terminar la carrera.

Es más, los cuatro cruzamos la línea de llegada juntos, broche de oro que cimentó nuestra amistad. Fue una experiencia increíble, y estamos muy contentos de haber participado en ella.

Ahora más que nunca cobra vida para mí el versículo bíblico «prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús».1 Llevar una vida cristiana no es fácil; requiere disciplina, verdadero esfuerzo y perseverancia. A veces me da la impresión de que apenas logro mantenerme en pie. Pero entonces compruebo que Su fortaleza se perfecciona en mi debilidad2, y cuando ya no soy capaz de mantenerme en pie, Él interviene y me lleva en brazos3.

Aunque está claro que la vida nos presenta su cuota de complicaciones y obstáculos, hay una línea de llegada, y allí nos esperan el Señor y nuestros seres queridos para celebrar. Al igual que Pablo, no considero haberla alcanzado todavía4. Simplemente me mantengo en pie con los ojos fijos en Él, sabiendo que cuando llegue el momento cruzaremos juntos esa línea de meta.

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Tú eres mi roca y mi castillo; por Tu nombre me guiarás y me encaminarás. Salmo 31:3

Me hace andar tan seguro como un ciervo, para que pueda pararme en las alturas de las montañas. Salmo 18:33 (NTV)

1. Filipenses 3:14
2. V. 2 Corintios 12:9
3. V. Deuteronomio 1:31; Isaías 40:11
4. V. Filipenses 3:13

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Chris Mizrany

Chris Mizrany

Chris Mizrany es diseñador de páginas web, fotógrafo y misionero. Colabora con la fundación Helping Hand en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

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