Perder el miedo

Perder el miedo

Por naturaleza soy muy propensa a preocuparme. Casi siempre estoy pensando en algo que me inquieta.

Además, me embarco en múltiples tareas a la vez. Puedo hacer prácticamente de todo y no paro de preocuparme. Por ejemplo, esta mañana intentaba tomarme mi rato de silencio, leer unas pocas páginas de tema devocional y reflexionar al respecto, como suelo hacer todos los días —digo intentaba, porque al mismo tiempo estaba afanada por el trabajo de la semana que tengo por delante, las dolencias que me aquejan y en un viaje que debo hacer pronto—, cuando de golpe leí una frase que parecía resaltar con letras fluorescentes: «La Biblia nos exhorta más de 100 veces a no temer». Supongo que Dios conoce bien nuestra tendencia a preocuparnos y ceder al miedo.

Los niños tienen miedo a la oscuridad, al cuco y al dentista.

Unos años después aprendemos que el cuco no existe y que el dentista sabe lo que hace. Entonces nos da miedo enfrentarnos a los bravucones del colegio, quedar mal delante de los amigos o sacar una mala nota en la prueba de matemáticas.

Pasan los años y empieza a preocuparnos el acné, los frenillos y el no ser bien vistos por los demás.

Poco después nos da pavor enfrentarnos a nuestro primer empleo y nos inquieta qué vamos a ser en la vida. Nos aterra fracasar en los estudios y en las relaciones sentimentales. Nos preocupa defraudar a nuestra familia y a nuestras amistades. Nos da espanto quedar en la ruina, tememos por la felicidad y el bienestar de nuestros hijos y nos perturba la idea de enfermarnos o morir.

Uno a uno vamos superando nuestros miedos, pero nunca dejamos de temer.

Tampoco ayuda que hoy en día parece haber cada vez más motivos para inquietarse. Basta con ver las noticias: guerras, crímenes, terrorismo, nuevas cepas de enfermedades mortíferas, catástrofes naturales, desastres provocados por la actividad humana y por supuesto el calamitoso estado de la economía mundial y las consecuencias que trae consigo.

En la Biblia Dios ofrece una respuesta para cada uno de esos miedos:

«¿Tienes conflictos laborales? ¿Compañeros de trabajo difíciles que amagan con complicarte la vida? ¡No te preocupes! Haz coincidir tu voluntad con la Mía, y Yo me ocuparé del conflicto.»1

«¿Te angustian las guerras y el terrorismo? ¡No temas! Encomiéndame tu vida y tu familia, y Yo los guardaré.»2

«¿Tienes miedo de las catástrofes naturales? ¿Te preocupa verte en medio de un terremoto, tsunami o huracán? ¡Tranquilo! Te tengo cubierto. Es la mejor póliza de seguros que podrías pedir.»3

«¿Padeces alguna dolencia o quizás una enfermedad de riesgo vital? No te amedrentes. Yo estaré contigo en medio de tus sufrimientos. Te consolaré y sostendré tu mano.»4

«¿Te han acusado injustamente? ¿Te preocupa que tengas que limpiar tu nombre y asegurar tu futuro? No te aflijas. Yo sé la verdad y me cercioraré de que al final salga a la luz.»5

«A veces el mundo es aterrador. Tal vez vives en una zona peligrosa y eso te intranquiliza. Mas no te alarmes. Yo velo por las aves y las flores. ¿Qué te hace pensar que no velaré por ti?»6

«Veo que te preocupa el sustento económico de tu familia. Te ha resultado difícil llegar a fin de mes, y las cuentas no hacen más que acumularse. No te turbes. El mundo y todo lo que hay en él son Míos, y me place satisfacer todas tus necesidades. No tienes más que pedírmelo.»7

Al rumiar el asunto, me di cuenta de que Dios tiene un plan de emergencia para hacer frente a toda posible calamidad. Para cada inquietud nuestra, Él tiene una solución ya lista. Es más, le complace velar por nosotros. No nos considera una molestia cuando acudimos a Él cargados de temores y preocupaciones. Más bien, por ser nuestro amoroso Padre, nos alza y nos dice con ternura: «Te entiendo. ¿Por qué no me encomiendas ese temor? Deja que Yo me haga cargo de él.»8

«No nos ha dado Dios el espíritu de temor —escribió el apóstol Pablo—, sino el de fortaleza, y el de amor, y el de templanza.»9

* * *

Dios no nos excluye de todo mal; más bien se vale del mal para acercarnos a Él. Dillon Burroughs (n. 1976)

Puede que estemos cansados, maltrechos y emocionalmente deshechos, mas luego de pasar un tiempo a solas con Dios descubrimos que Él inyecta energía, poder y vigor en nuestro cuerpo. Charles Stanley (n. 1932)

El remedio para el desaliento es la Palabra de Dios. Cuando nutres tu corazón y tu mente con su verdad, recobras la perspectiva y encuentras renovadas fuerzas. Warren Wiersbe (1929–2019)

No temeré, porque Tú estás siempre conmigo y jamás me abandonarás para que afronte a solas mis peligros. Tomás Merton (1915-1968)

1. Deuteronomio 31:6: Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque el Señor tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.
2. Isaías 54:14: Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás, y lejos del temor, porque no se acercará a ti.
3. Salmo 46:2: No temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar.
4. Salmo 23:4: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento.
5. Isaías 51:7: Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está Mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes.
6. Lucas 12:7: Aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
7. Lucas 12:32: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
8. 1 Pedro 5:7: Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.
9. 2 Timoteo 1:7 (RVA)

Marie Story

Marie Story

Marie Story —que también firma con el nombre de Marie Péloquin— vive en San Antonio (EE.UU.), donde trabaja como ilustradora independiente. Es consejeravoluntaria en un albergue para los desamparados.

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