Pintar un arco iris en la más negra tempestad

Pintar un arco iris en la más negra tempestad

Oí hablar por primera vez de Fu-Hua Chuang cuando vi un documental con mi familia acerca de jóvenes con graves discapacidades pero mucho talento. Me llamó la atención su radiante sonrisa, que parecía iluminar todo su ser y reflejaba la belleza interior de su alma.

En 1994 Fu-Hua era una chica taiwanesa vivaz y con un futuro promisorio. Era la más estudiosa de su clase y soñaba con llegar a ser pintora. Pero ocurrió una tragedia cuando la casa en la que vivía con su familia se incendió. Aunque todos sobrevivieron, Fu-Hua entró en coma a causa de los humos que había inhalado. Cuando recobró la conciencia se comprobó que los gases tóxicos habían alterado drásticamente su vida, ya que había quedado ciega, muda y paralizada del cuello para abajo. Aparte de poder mover la cabeza y el cuello, la única otra facultad física que conservaba era el oído.

Con el paso del tiempo, sus amigos y compañeros de colegio se olvidaron de ella. Fu-Hua cayó en una profunda depresión que desembocó en una espiral de pensamientos suicidas. ¿Qué atractivo podía tener para ella vivir confinada en una silla de ruedas, totalmente dependiente de que su madre la vistiera, le diera de comer y la ayudara con las necesidades fisiológicas más elementales?

Lo que logró perforar su muro de angustia fue un programa de televisión cristiano que la alentó a depositar su confianza en Dios. Al crecer su fe, también aumentaron sus esperanzas; y de ellas surgieron tres sueños: ir a la universidad, convertirse en escritora y propagar amor por cada rincón del orbe. Entre sesiones de fisioterapia, Fu-Hua escuchó más de 300 audiolibros, que la ayudaron a adquirir competencia académica y obtener su título de secundaria. Su profesora luego la ayudó a ingresar en la universidad, donde cursa estudios de grado.

Mediante un laborioso proceso de comunicarse en código morse moviendo la cabeza, Fu-Hua ha escrito también más de 300 poemas que expresan con optimismo sus luchas, su fe y sus experiencias. Empleando el mismo método, también ha dado charlas motivacionales en colegios de enseñanza media de todo Taiwán y China. A través de sus charlas ha llevado a miles de personas un mensaje de amor y esperanza de parte de Dios. Sus ilusiones se están materializando.

Fu-Hua tenía sobradas razones para poner fin a su vida. Sin embargo, no solo optó por vivir, sino que se impuso la misión de infundir ánimo a los demás. Aunque su vida siempre estará signada por el dolor, las dificultades y las exigencias inherentes a su condición física, Fu-Hua afirma: «La vida es como un sendero. A veces encontramos sufrimiento, fracasos y pesares; pero si tenemos fe, el futuro siempre será radiante».

Encontrarás más detalles sobre la vida de Fu-Hua en este artículo.

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Elsa Sichrovsky

Elsa Sichrovsky es escritora independiente. Vive con su familia en Taiwán. 

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