Contacto con el Consolador

Contacto con el Consolador

En Juan 14:26 Jesús prometió enviar el Espíritu Santo para consolar a Sus seguidores después de Su partida de este mundo. «El Consolador, el Espíritu Santo que el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que Yo les he dicho».

Esa promesa me quedó grabada en la memoria desde la niñez. Sin embargo, no fue hasta los veintitantos años que tomé contacto con «el Consolador» personalmente.

Mi madre murió cuando yo tenía 20 años. Frente a una tragedia o pérdida desgarradora es fácil sumirse en la aflicción y el luto a tal punto de rechazar todo consuelo. Eso me sucedió a mí. Aunque exteriormente lograba mantener una imagen de serenidad, no era más que una fachada para ocultar la pena y el dolor que arrastraba conmigo todos los días después de perder a mi madre.

La verdad de las cosas fue que la partida de mi madre suscitó en mí un profundo resentimiento. Es normal apenarse ante una pérdida de ese tipo, pero en mi caso no lograba superarla.

Algún tiempo después acepté los recordatorios divinos en el sentido de dar gracias porque ella se encontraba con Él,1 lo que contribuyó a sanarme del resentimiento que albergaba contra Dios.

Con el tiempo se cumplieron 10 años desde la partida de mi madre. Esa fecha siempre era para mí la más dolorosa de todo el año. No obstante, en aquella ocasión me sentía feliz y en paz, algo fuera de lo habitual. Mientras yacía en mi cama aquella noche percibí una sensación muy reconfortante que me embargaba el corazón. Aquel bálsamo sanador penetró hasta los lugares recónditos de mi alma, que habían sido asolados por la tristeza. Era como si unos brazos fuertes y llenos de amor me rodearan el corazón brindándome una sensación de seguridad y tranquilidad.

Le pregunté a Dios de qué se trataba aquello. Él me respondió: «Estás tomando contacto directo con el Consolador».

Me libré de la carga de amargura que había llevado como una cruz durante tanto tiempo. Con el rostro bañado en lágrimas le repetí una y otra vez al Espíritu Santo: «Acepto y recibo sin reservas el consuelo que quieres darme». Cuanto más lo repetía mayor era la sensación de consuelo que me invadía; y nunca me dejó desde entonces.

¿Llevas tú una carga de pena y tristeza? No tienes por qué hacerlo. El Consolador —el Espíritu Santo— llama a la puerta de tu corazón en este mismo momento, anhelando entrar. Te extiende Sus brazos esperando estrecharte. Basta con que ores para aceptar a Jesús y recibir la infusión del Espíritu Santo.

1. V. el artículo «Ver más allá», en la revista Conéctate de agosto de 2013

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Steve Hearts

Steve Hearts es ciego de nacimiento. Es escritor y músico y vive en Norteamérica. 

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