El camino a casa

El camino a casa

Estaba escuchando a Frankie Miller interpretar la canción A Long Way Home cuando la letra cobró un significado especial para mí:

¡Qué largo es el camino a casa
de noche, a solas,
cuando ya no te quedan canciones,
y la vida sigue su curso!
¡Qué largo es!
Sólo tú eres capaz de sentir
todo lo que he recorrido
para volver a casa.

Había escuchado esa canción muchas veces. Sin embargo esta vez fue diferente. Cuando te das cuenta de que te has descaminado en la vida —como me pasó a mí—, la verdad es que el sendero que conduce a casa se ve muy largo.

Una decisión errónea me condujo a otra, y en un abrir y cerrar de ojos me vi envuelto en una espiral descendente. Atrapado en las zarzas del egoísmo y el orgullo, sentí que se había abierto un abismo entre Dios y yo.

Lo primero para volver a los brazos de mi Padre fue reconocer interiormente y admitir delante de Él que yo la había embarrado y necesitaba Su ayuda. Eso no le dio marcha atrás al reloj de la vida ni lo remedió todo instantáneamente. Aún me quedaba un largo camino que recorrer, pero al menos fue un primer paso.

Comenzó a sonar otra canción. La voz áspera de Frankie entonó You’re the Star:

Me diste esperanzas
cuando todo estaba perdido,
y no tenía sentido esforzarme…
El camino está tan despejado
desde que viniste a mi vida...
Eres la estrella,
el lucero rutilante,
el albor de la mañana…
El albor de la mañana…
Eres la estrella que brilla
por encima de la tormenta.

También había escuchado esa letra decenas de veces. Sin embargo, en ese instante me pareció que la canción se había compuesto especialmente para mí. El amor de Dios era aquella estrella, la luz que irrumpió en mis tinieblas, el faro que me orientó en la tempestad. Me infundió esperanzas cuando me sumía en la desesperación, me dio una razón de ser cuando nada parecía tener sentido, y suscitó en mí la voluntad de seguir adelante. De golpe, el camino ya no se veía tan largo.

* * *

Dios nunca nos rechaza ni nos priva de Su amor. Nunca pierde la esperanza en nosotros por mucho que nos descarriemos. Por eso, si te sientes alejado de Él, basta con que abras tu corazón y aceptes Su amor y Su perdón(Isaías 1:18; 1 Juan 1:9). Si te vuelves hacia Dios, das unos pasos en dirección a Él y empiezas a buscar el camino de regreso a casa, tu Padre saldrá corriendo a recibirte con los brazos bien abiertos en demostración de amor(Lucas 15:18–24).—David Brandt Berg

Si quieres llegar hasta donde Dios te espera con los brazos abiertos, comienza haciendo esta sencilla oración:

Jesús, quiero conocerte y sentir Tu amor. Te abro mi corazón y te invito a vivir en mí. Amén.

Scott Montrose

Scott Montrose es integrante de La Familia Internacional en Oriente Medio.

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