La fe al rescate

La fe al rescate

Al rememorar las encrucijadas en las que me he visto a lo largo de mi vida —momentos en que parecía que las cosas habían dado un giro poco feliz o que mis planes y objetivos habían sufrido un duro revés—, me doy cuenta de que mi fe ha desempeñado un importante papel, y de que me ha ayudado a sobrellevar las circunstancias adversas y salir airosa de los aprietos.

Como he sido misionera durante más de 30 años, mayormente prestando servicios a la comunidad y trabajando como voluntaria en el extranjero, la fe ha sido por supuesto una fuerza impulsora en mi trabajo y en mi vida privada. Aprendí a confiar en que, fuera cual fuera la dificultad, al final del túnel había luz y un rayo de esperanza.

Cuando mi segundo niño nació prematuro a los 7 meses con los pulmones poco desarrollados y un pulso débil, quedé deshecha. Los médicos le veían pocas posibilidades de llevar una vida normal y saludable. Estuvo un mes en una incubadora. Aunque el miedo de perderlo casi me asfixia, me aferré a la fe, y los dos sobrellevamos la larga espera hasta que le dieron el alta, después que subió de peso y se le declaró en buen estado de salud1.

Al cabo de 13 años de misionar en el Sureste Asiático, nuestra labor allí concluyó de forma inesperada. Si bien nuestra familia —en aquel entonces teníamos tres hijos pequeños— se vio obligada a comenzar de nuevo de cero, la fe nos dio el valor y las fuerzas para lanzarnos de lleno a lo desconocido2.

Cuando en el 2003, después de dos años de quimioterapia, se me murió un hijo que había contraído leucemia, yo estuve al borde de la desesperación. La fe me acompañó por la senda del sufrimiento y el duelo hasta que llegué a un lugar mejor3.

Fui impotente para ayudar a un ser querido a vencer su adicción a las drogas, y me resultó desgarrador ser testigo de los conflictos matrimoniales y profesionales que su vicio le acarreó. La fe, sin embargo, me dio esperanzas cuando no las había, y fuerzas para creer que la batalla podía ganarse4.

En los más de 21 años que llevo trabajando en el continente africano, con toda su inseguridad y pobreza, la fe ha sido mi escudo. Me ha dado el valor y el aguante para persistir en los momentos en que todo parece absurdo y disparatado o cuando las energías y la voluntad flaquean5.

Una y otra vez la fe en Dios ha vuelto controlables las circunstancias adversas, tangible la felicidad, soportables las decepciones, llevaderas las pérdidas, y me ha comunicado la certeza de que el sol siempre volverá a brillar.

1. V. Hebreos 11:1,6
2. V. Marcos 9:23
3. V. Romanos 8:18
4. V. 1 Juan 5:4
5. V. Romanos 4:20,21
Iris Richard

Iris Richard

Iris Richard es consejera. Vive en Kenia, donde ha participado activamente en labores comunitarias y de voluntariado desde 1995.

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