No hay obstáculo insalvable

No hay obstáculo insalvable

Las voces se oían asordinadas cuando comencé a despertarme lentamente de la anestesia tras la intervención quirúrgica que me habían hecho en la espalda.

Escuché entonces el pronóstico sombrío del médico: «Es posible que no pueda llevar una vida normal, y de ninguna manera podrá tener hijos con una desviación tan grave de la columna».

Otro agregó: «Puede que a los 30 años tenga que andar en silla de ruedas si la escoliosis sigue avanzando a este ritmo».

Cuando llegué a casa aquel día me encerré en mi cuarto y me quedé horas sentada, mirando fijamente por la ventana el cielo gris, encapotado, con el rostro bañado en lágrimas. No podía pensar en otra cosa que en la posibilidad de pasarme la vida en una silla de ruedas.

Tenía doce años cuando me diagnosticaron una escoliosis severa en tres puntos de la columna. Al diagnóstico siguieron innumerables consultas médicas y visitas al hospital. La desviación se agravó rápidamente. Para ralentizar el proceso empecé a dormir en un molde de yeso, y durante el día me ponía un grueso corsé de plástico.

Perdí la alegría de vivir y me volví tímida, introvertida, pues temía que se me notara la deformación de la columna. Me ponía ropa suelta para tratar de ocultar la pequeña joroba que se me había formado en el lado derecho de la espalda a causa de la curvatura de la columna. A pesar de mi desesperación, una voz interior me animaba a no darme por vencida. Después de meses de fisioterapia intensiva, la escoliosis dejó de agravarse.

Con el tiempo se afianzó mi fe en Dios y tomé conciencia de que la oración aumentaba mis posibilidades de alcanzar las metas que me había propuesto, aun con  las dificultades que me causaba aquel trastorno crónico. Dios me llevó a conocer a personas extraordinarias, entre ellas una excelente terapeuta que me atendió durante años, y amigas que me asistieron en mis siete partos. Aprendí a vivir positivamente con esta anomalía física y hasta conseguí mejorar mi estado de salud. Afortunadamente el pronóstico de que iba a quedar confinada en una silla de ruedas no se hizo realidad, y la escoliosis no ha empeorado.

Hoy, casi 50 años después, estoy agradecida por los obstáculos que aprendí a superar. La oración me permitió triunfar sobre derrotas que parecían poner en peligro mi vida. 

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Iris Richard

Iris Richard

Iris Richard tiene siete hijos y seis nietos. Vive con su marido en Kenia, donde participa, desde hace 25 años, en labores misioneras y programas de ayuda humanitaria. Es enfermera y consejera. 

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