Un extraño en el estacionamiento

Un extraño en el estacionamiento

Sentado en el auto en una playa de estacionamiento, me tomé un momento para reflexionar sobre algunos cambios en mi vida y en mi trabajo. Tenía la impresión de que me había estancado y, francamente, estaba un poco intranquilo.

De golpe apareció un hombrecillo despeinado junto a la ventanilla. Con aire alegre y despreocupado, me saludó cálidamente. Me tomó un poco por sorpresa, así que reaccioné con cautela. En Sudáfrica, la delincuencia está a la orden del día. Abundan los oportunistas en busca de una presa fácil.

Mientras lo miraba de reojo, desconfiadamente, él prosiguió:

—¡Hermoso día!, ¿no?

Asentí con un gesto mientras hacía una lista mental de los objetos de valor que tenía en el automóvil.

—¡No sé cómo Dios se las arregla para que cada día sea tan especial!

Una vez más asentí secamente, tratando de adivinar a dónde quería llegar.

—Algo que hay que decir de Dios es que lo sabe todo. Es nuestro Salvador. No solo nos salva del infierno, sino también de los problemas que tenemos aquí.

Aquello me dejó intrigado y me llevó a responder con más entusiasmo.

Entonces apoyó el brazo sobre el coche y con la familiaridad propia de un viejo amigo me dijo:

—¿Sabes otra cosa? Dios nos hace pasar por diversas etapas en la vida. Cada una es diferente y cada una nos exige en el momento toda nuestra atención. Pero Él está presente en cada etapa, en cada estación, venga cuando venga y traiga lo que traiga. Él siempre está a nuestro lado para ayudarnos a pasar a la siguiente etapa.

No recuerdo bien qué le respondí. Me desarmó. Me sonrió, me deseó un buen día, se dio la vuelta y se alejó silbando una tonadilla. Habría querido hablar más con él, decirle que era un enviado del cielo para levantarme el ánimo, explicarle lo que habían significado sus palabras para mi atribulada alma. Sin embargo, cuanto más pienso en esa experiencia, más me convenzo de que él ya lo sabía.

Aquel día tranquilo, el mismo Ser que calmó la tempestad para Sus discípulos sosegó mi turbado corazón. No sé quién era aquel hombre. No alcancé a descubrir cómo se llamaba. Lo que sí sé es que estuvo a mi lado en un momento de necesidad. Jesús se manifestó a un discípulo amedrentado. Las etapas de mi vida seguirán cambiando; Jesús no1.

1. V. Hebreos 13:8

Chris Mizrany

Chris Mizrany

Chris Mizrany es diseñador de páginas web, fotógrafo y misionero. Colabora con la fundación Helping Hand en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

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