Gratitud

Las dichas de la vida

El desánimo era apabullante y se acentuaba cada minuto. Se sentía atacada por todos lados. Las posibilidades se desvanecían; los problemas se acumulaban.

La docencia nunca es tarea fácil, particularmente al comienzo y al final del año lectivo. Aquella era la última semana. A una de sus clases preferidas no le había ido muy bien en los exámenes de fin de curso. ¿Era por culpa de ella?

El común denominador

¡Ojalá pudieras conocer a tres personas que me causaron honda impresión este último año! La primera fue un ayudante de camarero que desde su silla de ruedas me despejó la mesa con tanta simpatía y encanto que no me sorprendió que a la salida el gerente me dijera que lo consideraba su empleado más valioso.

Practicar la gratitud

Cada uno de nosotros es receptor del amor y los cuidados de Dios. Cultivar una actitud agradecida para con Él nos lleva a tener esa misma actitud para con la vida y lo que nos depara. Cuando hacemos un alto y miramos a nuestro alrededor, cuando observamos las aves, las flores, el verdor, y reflexionamos sobre las cosas que disfrutamos —el amor que sentimos y que expresamos a los demás, nuestros hijos, nuestras experiencias—, nos damos cuenta de que nos sobran motivos para estar agradecidos. No es de sorprenderse que la gratitud sea un tema recurrente en la Biblia.

Disfrutar del viaje

Estoy aprendiendo lo importante que es disfrutar del viaje y no solo entusiasmarme con el destino final. Lógicamente, el destino define el viaje y, claro está, es muy importante. Pero en muchos casos empleamos más tiempo viajando que disfrutando del objetivo final; de modo que conviene aprender a valorar más lo cotidiano.

El primer bocado

Tomé un bocado de tortilla francesa y se lo agradecí a Dios en silencio. Tenía hambre, y me supo excepcionalmente delicioso. Degusté los sutiles sabores y el queso derretido, y me detuve un instante a pensar en la divina Providencia y en cómo nos cuida Dios.

El hongo escurridizo

Cortaba verduraspara la cena y dos veces atrapé un champiñón que se salió de la tabla de cortar antes que se cayera al piso.

Di gracias en silencio: «Dios, eres muy bueno conmigo».

En otro rincón de mi cabeza estaba pensando en la solicitud de arriendo de un apartamento que había presentado esa mañana. «Señor, te ruego que seas bueno conmigo y hagas que acepten mi solicitud».

Las flores del Cielo

No debiera sorprendernos que la Biblia haya inspirado a incontables pintores; el texto abunda en expresivas imágenes. Por ejemplo, el siguiente pasaje: «Han sembrado mucho pero cosechado poco; comen pero no quedan satisfechos; beben pero aún tienen sed; se abrigan pero todavía tienen frío. Sus salarios desaparecen, ¡como si los echaran en bolsillos llenos de agujeros!»1 Después de dos mil años, podemos visualizar fácilmente a qué se refería el profeta Hageo: insatisfacción laboral, dificultades para llegar a fin de mes, los vanos intentos de seguir los dictados de la moda, la desvalorización de la moneda.

Adiós al bajón

Hace poco sufrí un bajón anímico que no me resultó fácil superar. No soy una persona muy emocional: normalmente no tengo dificultades para sentirme motivada; pero en esa ocasión me costó salir adelante. Por el mismo tiempo, ¡un amigo de una amiga se ganó un Mercedes-Benz en una lotería!

Inicialmente me alegré. Pensé: «Vaya, en mi entorno más o menos próximo suceden cosas así». Pero mi segunda reacción fue: «Y ¿dónde esta mi Mercedes-Benz?»

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