La fuente de nuestras fuerzas

La fuente de nuestras fuerzas

El libro de Habacuc es uno de lo más cortos de la Biblia. Empieza con los lamentos del autor por las tribulaciones de Israel, pero termina con una bellísima afirmación de fe: «Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, ¡aun así me alegraré en el Señor! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación!1

Durante la crisis del coronavirus mi primera reacción fue de pánico, duda y desesperación. Sin embargo, al ver que los integrantes de mi grupo de oración publicaban canciones de alabanza y palabras de gratitud, me di cuenta, al igual que aquel profeta del Antiguo Testamento, de que el camino a la victoria es el de la alabanza a Dios en medio de la adversidad.

También escuché la biografía de James Taylor sobre su atribulada familia y la pérdida de sus seres queridos. Él afirma que componer canciones tenía un efecto curativo para él cada vez que se le presentaban aquellos sucesos trágicos. Algo parecido sucedió con otro músico famoso, Eric Clapton, que después de un año de duelo por la muerte de su pequeño hijo, decidió componer una canción en memoria suya. Así fue que surgió Tears in Heaven, tema que tuvo gran éxito y ha sido fuente de consuelo para muchos desde entonces.

Al cabo de dos meses de encierro por el covid-19, mi hijo y yo decidimos ir a la playa a ver la puesta del sol. No había nadie en la zona donde estacionamos, y pudimos contemplar un magnífico atardecer sobre el mar, caminar en la arena mojada, correr de las olas, tomar fotos y disfrutar de la conexión con la naturaleza que echábamos de menos desde hacía tanto tiempo.

Cuando ya nos íbamos, mi hijo advirtió que había una pareja mayor sentada en la terraza de su casa, al borde de la playa.

—Qué belleza, ¿no? —les comentó él.

A lo que respondieron:

—Sin duda, y cada día es un espectáculo distinto.

En seguida recordé aquellos pasajes de Habacuc. Por primera vez tenían perfecto sentido para mí. Dios es bueno en todo momento. «El amor del Señor es eterno»2 Cobramos fuerzas al regocijarnos en Jesús y Su bondad.

1. Habacuc 3:17,18 (NTV)
2. Salmo 103:17 (DHH)

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Rosane Pereira

Rosane Pereira

Rosane Pereira es brasileña. Desde 1975 ha sido misionera de carrera junto con su difunto esposo, Carlos Córdoba. Tiene ocho hijos y cinco nietos. Es profesora de inglés y español, traductora y escritora. Es asimismo socia de Interconnect, pequeña empresa que vincula la traducción y el aprendizaje de idiomas con el turismo y el ecoturismo en la zona de Río de Janeiro.

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