¡Qué dicha es estar viva!

¡Qué dicha es estar viva!

Cuando tenía 17 años me fui con unos amigos a pasar el carnaval en la ciudad de Salvador. Alquilamos una casa muy barata y dormimos en el suelo como la mayoría de la gente del lugar. Aunque nuestros vecinos eran muy pobres fueron excepcionalmente amables con nosotros. La vida sencilla que llevaban y el amor y la amistad que prodigaban eran el secreto de la felicidad y la alegría que transmitían. Por primera vez tomé conciencia de que el amor era la solución sencilla para muchos de los problemas de la humanidad.

Este año tuve una experiencia similar. Durante mis ratos de lectura devocional por la mañana comencé a apuntar todas las cosas por las que estoy agradecida. Para fines de febrero había hecho una lista de 180 de ellas y me sentía bastante satisfecha conmigo misma. Marzo trajo consigo una larga serie de pruebas y dificultades, y empecé a dudar: ¿qué motivos tenía para estar agradecida en vista de todo eso? En ese momento oí esa voz tenue y apacible que me decía: Agradece que estás viva.

Al principio parecía una broma.

¿Eso es todo? —pregunté incrédula.

Piénsalo —me contestó—. Si estuvieras muerta no podrías hacer nada por resolver estos problemas; por eso es una dicha que estés viva. ¡Mientras hay vida hay esperanza de que todas estas dificultades puedan superarse con Mi ayuda!

Jesús no nos prometió que nos pondría a salvo de contrariedades, sino que estaría con nosotros cuando las atravesáramos. Juan 16:33 apunta: «Les he dicho estas cosas para que en Mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo».1

Si sabemos que Dios está con nosotros en todas nuestras tribulaciones podemos tener paz a pesar de lo que esté ocurriendo a nuestro alrededor. Esa es la paz que sobrepasa todo entendimiento y que Pablo menciona en Filipenses 4:7, el sentimiento de gratitud por saber que Dios es dueño de la situación aun cuando no veamos la solución.

1. NVI

Rosane Pereira

Rosane Pereira

Rosane Pereira es brasileña. Desde 1975 ha sido misionera de carrera junto con su difunto esposo, Carlos Córdoba. Tiene ocho hijos y cinco nietos. Es profesora de inglés y español, traductora y escritora. Es asimismo socia de Interconnect, pequeña empresa que vincula la traducción y el aprendizaje de idiomas con el turismo y el ecoturismo en la zona de Río de Janeiro.

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