Guía

Dotados de libre albedrío

¿Alguna vez has tenido que tomar una decisión importantepara la que necesitabas orientación explícita y tuviste la impresión de que Dios te daba la callada por respuesta, justo en el momento en que más te habría gustado que te diera una contestación precisa? A mí me ha pasado, y fue una lucha espiritual. Cierta vez en que me vi en una encrucijada, tenía muchas ganas de que el Señor me indicara claramente el camino; sin embargo, Él sabiamente optó por no darme una respuesta directa. Por consiguiente me tocó armarme de valor y hacer el tedioso esfuerzo de estudiar las diferentes opciones, pedir consejo a personas respetuosas de Dios, ponderar las puertas abiertas y oportunidades que se me presentaban, orar con fervor y, sobre todo, encomendarle mis caminos. Tuve que confiar en que Él allanaría mis sendas de la manera que mejor le pareciera.

El GPS de Dios

Los adelantos tecnológicos nos ayudan a entender un poquitito más a Dios y cómo maneja Él Sus asuntos. Por ejemplo, el celular con que nos comunicamos con alguien del otro lado del mundo grafica la esencia de la oración. Un computador que almacena todos los datos de una gran empresa, hasta los más mínimos detalles, nos da a entender cómo Dios tiene contado hasta el número de nuestros cabellos1.

Un plan de vida bien trazado

Todos tenemos que tomar decisiones a lo largo de nuestra travesía por la vida. Según cuál sea nuestra personalidad, estas pueden fascinarnos o asustarnos. La mayoría sentimos una mezcla de emoción y aprensión.

La decisión acertada

El verano en que cumplí doce años, mi padre nos sorprendió a mi hermana menor y a mí al anunciar que tenía un plan diferente para las vacaciones. En lugar de planificarlas él, nos dio el dinero que había apartado y dejó que fuéramos nosotras quienes decidiéramos qué hacer con él. Podíamos ahorrarlo, gastarlo como quisiéramos o emplearlo para pasar cinco días de vacaciones junto a un lago. Después de hablar un rato y orar, mi hermana y yo le dijimos que queríamos ir de vacaciones al lago.

En la orilla del río

Cuando los hijos de Israel se preparaban para cruzar el Jordán, Josué envió por delante a los sacerdotes con el arca del pacto y dio las siguientes instrucciones al pueblo: «Cuando vean el arca del pacto del Señor su Dios, y a los sacerdotes levitas que la llevan, abandonen sus puestos y pónganse en marcha detrás de ella. Así sabrán por dónde ir, pues nunca antes han pasado por ese camino»1.

¡A navegar!

Mi viejo amigo Jack vivía en una casa amplia en un barrio acomodado de bonitos jardines. Era un sitio estupendo para vivir con su señora y sus tres hijos cuando eran chicos y asistían al colegio. Sucede, sin embargo, que sus hijos se casaron hace tiempo y se fueron a vivir a otras partes. 

Por buen rumbo

Quiero que tu vida tenga sentido, y que tanto tú como Yo estemos orgullosos de ella. En última instancia, la responsabilidad es tuya. Tú eres quien debe tomar las decisiones atinadas que te conducirán a donde debes llegar; mas puedes encomendarme a Mí tus caminos y pedirme que allane tus sendas. Si tomamos juntos las decisiones, tendrás la confianza de que tu vida va por buen rumbo.

La platería robada

En Los miserables, un clásico de la literatura universal, Victor Hugo cuenta la historia de Jean Valjean, cuya azarosa vida se hunde a raíz de una decisión irreflexiva, cuando roba una barra de pan para dar de comer a los hambrientos hijos de su hermana. Como consecuencia, pasa los siguientes 19 años de su vida encarcelado en el famoso Bagne de Tolón. Al salir de la penitenciaría, su condición de expresidiario le impide encontrar trabajo. Obligado a mendigar, Valjean llama a la puerta del obispo de Digne, quien le da de comer y lo aloja por una noche. Pero desesperado por lo que ve como un futuro desolador, el hombre cede a la tentación y huye en medio de la noche llevándose parte de la platería del obispo.

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