Decisiones en consulta con Dios

Decisiones en consulta con Dios

La forma más atinada y criteriosa de encarar una decisión es un proceso que consta de tres pasos:

Primeramente, debes reconocer que no tienes todas las soluciones y pedirle a quien sí las tiene —Dios— que te ayude a decidir con acierto.

En segundo término, debes comprometerte a creer y aceptar las indicaciones que Él te dé, aunque sean contrarias a tu parecer o a tus deseos sobre el particular. Es decir, abrigar el sincero deseo de que Él tome la decisión según lo que desde Su óptica va a resultar mejor para ti y para todas las personas afectadas. Ese normalmente es el paso más difícil, toda vez que requiere que supeditemos nuestra voluntad a la Suya.

En tercer lugar, debes averiguar cuál es Su recomendación. Si has pedido sinceramente a Dios que te indique cuál es Su voluntad respecto de determinada situación, Él lo hará. Para ello es probable que se valga de uno o de varios de los medios que detallamos a continuación en orden de importancia y fiabilidad.

1. La Palabra de Dios. El primer lugar donde buscamos la voluntad de Dios es en Sus Palabras, consignadas en la Biblia y en otros textos inspirados. Él puso allí las soluciones generales para casi todos los interrogantes y problemas que se nos pueden plantear en la vida. A veces aparecen explícitas; en otros casos, en forma de principios espirituales que podemos aplicar a nuestra realidad. «Lámpara es a mis pies Tu Palabra, y lumbrera a mi camino» (Salmo 119:105).

2. La voz de la Palabra de Dios. ¿Te ha pasado alguna vez que estás pensando en algo u orando por algo y el Señor te recuerda cierto versículo o pasaje de las Escrituras que arroja luz sobre el asunto? Es lo que se conoce como oír la voz de la Palabra de Dios. Puede que te haya ocurrido también al leer la Biblia: de golpe un verso o pasaje te habla directamente, como si hubiera sido escrito para ti con relación a una situación en que te encuentras. El Señor aplica Su Palabra de manera personalizada y te da la respuesta que buscas. «La Palabra de Dios es viva y eficaz» (Hebreos 4:12).

3. Revelaciones. Dios también nos habla por medio de sueños y visiones, o por medio de mensajes que recibimos directamente de Él y que la Biblia denomina profecías. «En los postreros días, dice Dios, derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños» (Hechos 2:17).

4. Consejeros inspirados por Dios. Si quisiera aprender a tocar el piano, le pediría clases a un pianista que supiera tocar bien. Si quisiera aprender a cocinar, acudiría a una cocinera que me hubiera deleitado con sus recetas. Cuando procuramos hallar la voluntad de Dios respecto de determinada situación, conviene que pidamos consejo a personas que estén bien arraigadas en la fe, que tengan una estrecha relación con el Señor y que conozcan Sus caminos. «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman» (Proverbios 15:22).

5. Circunstancias y condiciones. A veces las circunstancias son claros indicadores de la voluntad de Dios. Imagínate un largo pasillo con puertas a ambos lados. ¿En qué pieza te vas a meter? Pues lo recorres tocando a cada puerta y girando los picaportes. Solo puedes entrar por las puertas que se abran. Cuando algo se ajusta a la voluntad de Dios, generalmente Él nos abre una puerta que lo posibilita. «He puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar» (Apocalipsis 3:8).

6. Intuiciones o deseos persistentes. También se habla del testimonio del Espíritu. Las corazonadas en algunos casos pueden ser engañosas; pero si Dios quiere que sigas cierto derrotero, en ciertas ocasiones te dará una fuerte convicción interior de que eso es lo que debes hacer. «Deléitate asimismo en el Señor, y Él te concederá las peticiones de tu corazón» (Salmo 37:4).

7. Señales muy definidas en respuesta a un pedido concreto. También se las llama vellones. A veces se puede confirmar o reconfirmar una decisión pidiendo a Dios que nos dé una señal clara, como cuenta el libro de los Jueces que hizo Gedeón. Pedir una señal es como hacer un contrato con Dios. Si Él cumple Su parte del acuerdo, nosotros tenemos que cumplir la nuestra. «Gedeón dijo a Dios: “Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho”. Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua. Mas Gedeón dijo a Dios: “No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra”. Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío» (Jueces 6:36-40).

Sobre todo, debemos creer que Dios nos ama y quiere siempre ayudarnos a tomar la mejor decisión, la que sabe que a la larga redundará en nuestra felicidad y en el bien de los demás. Jesús prometió: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mateo 7:7).                

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