Decisiones que honren a Dios

Decisiones que honren a Dios

Uno de los rasgos de la humanidad, en calidad de seres creados a imagen de Dios, es el libre albedrío, que incluye la capacidad de tomar decisiones y responsabilizarnos de las consecuencias de las mismas. A veces nos cuesta mucho aprender a tomar decisiones que glorifiquen a Dios y que cumplan Su voluntad; el proceso de averiguar qué quiere Dios, de esperar a que nos comunique soluciones y nos oriente pone a prueba nuestra fe y la hace crecer.

Para los cristianos, la toma de decisiones debe ser un proceso relacional en el que dialoguemos con Dios. Para empezar, le presentamos todas nuestras ansiedades, sabiendo que Él cuida de nosotros1. Nos ha dicho que nos acerquemos a Él y «razonemos»2, con lo que expresa Su deseo de conversar con nosotros. Quiere estar presente y participar en la conversación cuando tomamos decisiones, y ha prometido que Su Espíritu en nosotros nos guiará a toda la verdad3.

A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a decisiones trascendentales que inciden en nuestro futuro: elegir una profesión, la persona con quien nos casaremos, la forma de criar a nuestros hijos, dónde vamos a vivir, qué tipo de compromiso asumiremos con respecto a nuestra fe y cómo participaremos en la obra de Dios. Uno de los pasos más importantes para averiguar la voluntad divina y tomar decisiones acertadas consiste en tener presente a Dios y encomendarle nuestros caminos. «Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas»4.

Para aprender a tomar decisiones que honren a Dios y estén en consonancia con Su voluntad y mandamientos suele ser necesario pasar por períodos de profunda reflexión y oración, así como por pruebas. No siempre es fácil determinar cuál es la voluntad de Dios en una situación particular o qué decisión conducirá a los mejores resultados. En esos casos, es común desear que caiga un rayo que ilumine el cielo y nos tire al suelo, como le ocurrió al apóstol Pablo, para contar con una señal inconfundible y precisa. Sin embargo, muy a menudo la voz de Dios es tan queda que, si no hacemos silencio, abrimos nuestra conciencia y prestamos oído, pasa inadvertida.

Él nos creó a Su imagen, hizo de nosotros seres racionales capaces de tomar decisiones voluntarias y de optar por poner a Dios en el centro de nuestra vida. Esas son maneras de amar a Dios con toda nuestra mente: tomar reflexivamente la decisión de amarlo y procurar glorificarlo en todas nuestras decisiones y acciones. Cuando hacemos eso nos resulta más fácil discernir cuál es la voluntad de Dios, tal como Pablo explica en Romanos: «Transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto»5.

Después de ese primer paso, a menudo sucede que el Señor nos da una confirmación, o bien surgen nuevos factores que arrojan luz sobre la situación. Es posible que uno tenga que ajustar el rumbo que se ha trazado al constatar que, aunque la decisión original lo va a llevar en términos generales en la dirección correcta, es necesario afinar las coordenadas para apuntar más directamente al destino exacto que se quiere alcanzar. Con frecuencia se trata de un proceso a lo largo del cual se presentan muchas alternativas, no solo una; y cada una sienta las bases para las siguientes.

Dios por lo general quiere que hagamos el trabajo de buscar de todo corazón Su voluntad, investigar las posibilidades, analizar las condiciones, evaluar las consecuencias y aprovechar todos los medios que estén a nuestro alcance para tomar decisiones prudentes que lo glorifiquen. Él rara vez hace por nosotros lo que somos capaces de hacer por cuenta propia. Yo he comprobado que llego a mejores decisiones cuando las tomo en colaboración con Él, cuando analizo las opciones y sopeso las ventajas y desventajas de cada una, al tiempo que busco Su guía y Su opinión orando y escuchándolo.

Si le reservamos un lugar central en nuestra vida, lo reconocemos en todos nuestros caminos y nos encomendamos a Él, podemos tener la confianza de que nos guiará y nos ayudará a tomar decisiones acertadas.

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No hemos cesado de orar por ustedes, pidiendo que sean llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que anden como es digno del Señor, haciendo en todo, lo que le agrada, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. Colosenses 1:9,10 (NBLH)

Ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado. Salmo 18:36

Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas. Proverbios 3:5,6 (BJ)

Si has arribado a tu decisión con el sincero deseo de complacer el corazón de Dios, incorporando en ello principios bíblicos y consejos prudentes, puedes proceder con confianza, sabiendo que Dios obrará Sus propósitos a través de tu decisión. Mary Fairchild

1. V. 1 Pedro 5:7
2. Isaías 1:18 (NBLH)
3. V. Juan 16:13
4. Proverbios 3:5,6 (BJ)
5. Romanos 12:2 (NBLH)

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Peter Amsterdam

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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