La escalera dorada

La escalera dorada

Tomar decisiones rara vez es tarea fácil. Uno de los momentos en que resulta imperativo decidir bien es cuando se trata de una oferta de trabajo. Hace unos años mi esposa y yo nos encontrábamos en una encrucijada. Yo acababa de cumplir los 50. Cada vez que cumplimos un decenio más ocurre algo en nuestra psiquis que resulta imposible de definir. Uno cae en la cuenta de que no va a rejuvenecer, de que le quedan menos años por delante y menos fuerzas para abordarlos.

Mi esposa y yo ansiábamos nuevas empresas tentadoras. Pero ¿dónde? Teníamos varios ofrecimientos, entre los cuales había dos que nos llamaban más la atención que los demás. Uno de ellos era California y la otra posibilidad estaba en Oriente Medio. Sopesamos las ventajas y desventajas de cada opción y las dispusimos en columnas; pero obtuvimos resultados equivalentes. Leímos la Palabra de Dios y dedicamos un rato todos los días a la oración tratando de desentrañar Sus designios, pero todo se veía medio nebuloso. Eran demasiadas las variables para saber a ciencia cierta a dónde nos llevaría cada uno de aquellos caminos. Lo que necesitábamos era una revelación concreta y directa de Dios.

Un versículo que siempre me ha resultado útil en momentos así es Mateo 7:7: «Pidan, y se les dará». El pasaje prosigue diciendo que si pedimos pan, nuestro Padre celestial no nos va a dar una piedra.

Pasaron semanas sin que supiéramos a dónde debíamos dirigirnos, así que seguíamos preguntándoselo. Éramos como la mujer importuna de la parábola que refirió Jesús, la señora que no cesó de insistirle al juez hasta que este se hartó y finalmente le concedió lo que le pedía.1

La respuesta que necesitábamos nos llegó a modo de una clara imagen mental. Vi una escalera dorada refulgente que ascendía hacia la derecha. En nuestro caso aquello era significativo. Estábamos viviendo en Texas, por lo que al mirar el mapamundi, el Oriente Medio quedaba a nuestra derecha y California a la izquierda. Nos pareció que aquella visión era la clara indicación del Señor que buscábamos y actuamos en consecuencia. Ahora, mirando en retrospectiva, puedo decir sin asomo de duda que acertamos con aquella decisión.

Dios tiene un designio para la vida de cada uno de nosotros. Las palabras que dijo en Jeremías 29:11-13 lo confirman: «Yo sé los planes que tengo acerca de ustedes, dice el SEÑOR, planes de bienestar y no de mal, para darles porvenir y esperanza. Entonces me invocarán. Vendrán y orarán a mí, y yo los escucharé. Me buscarán y me hallarán, porque me buscarán con todo su corazón».

1. V. Lucas 18:1–8.

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es escritor, facilitador y mimo. Vive en Alemania. V. el sitio web Elixir Mime.

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