La oferta

La oferta

Hace unos años, luego de cometer una serie de errores que me dejaron decepcionado y contrariado conmigo mismo, le imploré a Dios que me convirtiera en un robot, un autómata programado para hacer siempre lo que Él considerara mejor.

—Tú bien sabes —le dije— que en lo profundo de mí no quiero otra cosa que obrar correctamente; sin embargo, las malas decisiones que he tomado y las ideas que brotan de mi cerebro de hormiga son un obstáculo insoportable. ¿No podrías reprogramarme para que decida y obre siempre con acierto? Así marcharía todo mil veces mejor, ¿no te parece?

—Por ahí no va la solución —me contestó—. No solo te desmotivaría al quitarte todo acicate en la vida, sino que enfriaría nuestra relación. Ya no te haría falta Mi orientación. Dejarías de apoyarte en Mí. No me apreciarías tanto como ahora y, con el tiempo, hasta dejarías de amarme. No; creo que será mejor que te deje tal como te creé. Sin embargo, voy a hacer algo por ti: no te programaré una sola vez con todas las soluciones, pero sí te las iré revelando una a una cada vez que me presentes un asunto en oración.

Aquello no constituía ninguna novedad; y tampoco era exclusivamente para mí. Él nos hace la misma oferta a todos. Se encuentra resumida en este pasaje de las Escrituras: «Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas»1.

No es que con este sistema todo salga siempre perfecto, puesto que una parte nos corresponde a nosotros, que somos imperfectos. Funciona si nos acordamos de hacer una pausa y pedirle orientación, y si luego tenemos la fe, sumisión, humildad y a veces también otras virtudes para llevar a cabo lo que Él nos indica. De todos modos, seguir esa simple fórmula da mucho mejor resultado que tratar de descifrarlo todo nosotros mismos; por lo menos en mi caso ha sido así.

1. Proverbios 3:5,6 (BJ)

Keith Phillips

Keith Phillips

Keith Phillips fue jefe de redacción de la revista Activated, la versión en inglés de Conéctate, durante 14 años, entre 1999 y 2013. Hoy él y su esposa Caryn ayudan a personas sin hogar en los EE.UU.

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