Resolver problemas haciendo equipo con Dios

Resolver problemas haciendo equipo con Dios

En mi segundo día de trabajo, mi jefe me entregó su computadora portátil:

—Necesito que me la actualices y que me pongas el sistema operativo en línea más reciente que haya —me dijo.

Me encontraba en un país extranjero, rodeada de compañeros que hablaban otro idioma, apenas comenzando a trabajar como técnica en informática. Me costaba adaptarme a mi nuevo entorno laboral, entender la terminología técnica en otra lengua y a la vez lidiar con los inevitables problemas que superaban mi nivel de experiencia.

Volví a mi escritorio y comencé a hacer copias de respaldo de todos los archivos y configuraciones del sistema mientras diseñaba un plan de acción. Era la primera vez que trabajaba con aquella tecnología basada en la nube. No tardé mucho en darme cuenta de que aquello era más complicado de lo previsto. Se presentaban varios problemas de seguridad y compatibilidad, y no conocía un procedimiento sencillo para migrar los archivos del antiguo al nuevo sistema operativo. Para colmo, descubrí que el nuevo SO no se conectaría a la impresora de red que tenemos en la oficina sin un software especializado.

Al cabo de un par de horas de buscar soluciones y estudiar detenidamente el mapa de la red corporativa, ya iba a cerrarse la oficina, y yo aún tenía una larga lista de cosas que hacer. Empecé a preocuparme por el tiempo que estaba tomando todo el proceso y por la posibilidad de que el resultado final no estuviera a la altura de las expectativas. Hice una oración en silencio y le pedí a Jesús que me condujera a la mejor solución.

¡Terminarás mañana a las 10 a.m.! —me susurró quedamente al corazón.

¿A las 10 de la mañana? —le pregunté—. No me parece muy realista.

¡Terminarás mañana a las 10 a.m.! —me repitió.

Francamente, dudé que el Señor entendiera lo complejo que es trabajar con tecnología. Con todo, decidí esperar a ver lo que me depararía el día siguiente.

De regreso en la oficina al otro día, respiré profundamente y le pedí orientación a Jesús. Luego inicié el sistema. Poco después descubrí una solución de la que no tenía conocimiento el día anterior.

A las diez de la mañana había terminado. Todos los archivos se habían cargado, y ya no había problemas de incompatibilidad. Aunque no sabía por qué ni cómo, también logré imprimir con la impresora de la oficina. Un colega me dijo que se haría cargo de los certificados de seguridad. Y mi jefe me dio las gracias por el trabajo.

Experiencias como esta me convencen de que Dios se interesa por mí. Cuando aquietamos la mente y hacemos una pausa para escuchar, Él nos habla directamente al corazón y nos infunde serenidad.

* * *

Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti. Salmo 32:8 (NBLH)

Li Lian

Li Lian es un profesional certificado por CompTIA. Trabaja en África como administrador de oficina y sistemas para una organización humanitaria.

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