Una fuente inagotable de energía

Una fuente inagotable de energía

La ciudad en la que vivo en Sudáfrica enfrenta regularmente cortes de energía. A veces el fluido eléctrico se interrumpe hasta cinco horas diarias. Lo denominan loadshedding (recorte o desconexión de carga). A causa de la sobredemanda y el déficit de oferta, la empresa eléctrica debe racionar y cortar intermitentemente la electricidad. Durante esos períodos, las fábricas se detienen, los comercios cierran, el tráfico se vuelve caótico, los ventiladores y neveras se apagan y todo el mundo sufre. No es mucho lo que se puede hacer sin energía eléctrica.

En un intento por hacerle el quite a la crisis, algunos negocios o particulares se consiguieron generadores (grupos electrógenos) o baterías gigantes. Pero hasta esos artefactos tienen duración limitada.

Por ejemplo, aunque las redes de teléfonos móviles cuentan con suministro de energía de contingencia, apenas duran unas horas. Con la frecuencia que se producen esas desconexiones de carga, podemos quedarnos sin señal de celular varias horas al día.

Pese a ser sumamente desagradables y por momentos un poquito espeluznantes, estos cortes me enseñaron algo: a no tratar de forzar las cosas por mi propia cuenta. Puede que logre avanzar un poco, pero eso no es nada comparado con lo que sucede cuando tengo la Energía. Dios ha prometido ser mi luz, mi salvación y mi fuente de energía. Me resulta mucho mejor que hacerlo yo mismo a los trompicones.

Si insisto en salir disparado con mi propio impulso, apenas duro un rato. Pero mi alma es recargable y por medio de Dios y Su Palabra puedo recuperar fuerzas y ánimo. Con Sus fuerzas todo lo puedo, pero no solo.

Descubrí que prepararse para los días tenebrosos recargando mis pilas espirituales con música y artículos edificantes y con la memorización de las Escrituras es de un valor inestimable cuando falla todo lo demás. Así tengo algo fiable a lo que puedo recurrir cuando sufro un corte de energía. Sé que no puedo hacerlo por mi cuenta. Solo Jesús puede.

Nunca podemos sobrecargar el suministro de energía de Dios ni agotar Sus reservas. Aun cuando a nuestro alrededor reine la oscuridad moral, llevamos Su luz dentro de nosotros. Y vivimos nuestra fe en la normalidad de lo cotidiano. Puede que no esté magníficamente ataviada, pero la verdad, la compasión y la sinceridad resuenan en ella. Cuando nos conectamos con la Fuente nos convertimos en una ciudad asentada sobre un monte, que refleja Su luz y amor.1

1. V. Mateo 5:14.

Chris Mizrany

Chris Mizrany

Chris Mizrany es misionero, diseñador de páginas web y fotógrafo. Colabora con la fundación Helping Hand en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

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