La voz del Cielo

Para recibir orientación divina

¿Será que Dios se interesa por ti? ¿Será cierto que desea brindarte soluciones, bendecir tus esfuerzos, ayudarte a sacarle el máximo provecho a la vida y hacer de ti la mejor persona que puedes llegar a ser? Y en tal caso, ¿es capaz de orientarte en ese proceso? La respuesta a esas tres preguntas es un sí rotundo.

Mi presencia

Siempre estoy contigo, preparado para ayudarte, orientarte, consolarte, amarte, sanarte y proveer para tus necesidades.

Deseo que me incluyas en todos los aspectos de tu vida. No te pido eso con el ánimo de controlarte o dominarte, sino porque te amo. Quiero proporcionarte lo que te haga falta, protegerte y colmarte de amor.

Compañero constante

Deseo ser tu compañero, tu consejero, tu pronto auxilio, no alguien a quien solo conoces por referencias, o del que rara vez te acuerdas, o con quien hablas muy de tanto en tanto. Tampoco me interesa ser un simple asesor al que acudes cuando estás en un apuro o te aprestas a tomar una decisión importante. Deseo ser una presencia amorosa y constante en tu vida.

Te conozco personalmente

No eres una persona más del montón, sino que para Mí eres importante, un ser único. Conozco todos tus pensamientos. Te conozco personalmente y en estos momentos me dirijo a ti. Puedes pedirme que te hable siempre que quieras, cuando seas víctima del desánimo o de la depresión, incluso cuando quieras un poco de compañía. Me alegra sobremanera hablarte de cualquier tema, cuando sea que lo necesites.

Consultar con Jesús a cada paso

Una de las principales enseñanzas que el Señor quiere transmitirnos a todos —una de las más valiosas que podemos aprender en la vida— es la importancia de consultar con Él al momento de tomar decisiones. Él quiere que lo escuchemos directa e individualmente, y que luego pongamos por obra lo que nos indique, no sólo en asuntos de gran trascendencia, sino también en cuestiones sencillas de todos los días. Quiere que le planteemos preguntas concretas a fin de obtener de Él respuestas igualmente concretas.

Palabras salvadoras

El resplandor del sol entraba por la ventana cuando me quité de encima las cobijas, sin sospechar que estaba por vivir un día inolvidable. Susurré una oración y le pedí a Jesús que bendijera la tomografía abdominal que me tenían que hacer aquella mañana. Le rogué también que me indicara cualquier cosa que quisiera que yo supiera acerca de la jornada que tenía por delante. En mi interior escuché Su voz, que a estas alturas ya me es familiar: «Yo lucharé por ti. Nos enfrentaremos juntos a cada prueba que se presente».

Tiempo muerto

Las dos de la tarde. Los pensamientos se agolpaban en mi cabeza. Acababa de salir de la última cita que tenía aquel día y de repente me di cuenta de que casi no llevaba dinero encima, ni tenía una tarjeta de débito. Me encontraba en un centro comercial y necesitaba tomar un autobús para ir a la academia de canto, pero no me alcanzaba para pagar el pasaje. Ni siquiera tenía para llegar a casa.

Acceder a Dios

Si eres asiduo cibernauta sabes muy bien que en Internet se ofrece información rápida y de fácil acceso. En vez de recorrer un largo trecho para llegar a una biblioteca y pasarse allí horas hojeando enormes tomos y otros documentos, uno puede encontrar lo que le interesa desde su casa o su lugar de trabajo simplemente empleando un buscador de información en línea, escribiendo unas palabras clave y haciendo clic en el ícono buscar.

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