¿Quieres que te vaya bien?

¿Quieres que te vaya bien?

Hay tres cosas muy sencillas que puedes hacer para sacarle el máximo provecho a cada día.

La primera es conversar conmigo a primera hora de la mañana —o la noche anterior si se da el caso— sobre lo que tienes agendado o quieres hacer ese día. No hace falta que dediques mucho tiempo a ello, lo suficiente para ubicarte y darme la oportunidad de recordarte todo lo que se te pueda haber pasado por alto.

En segundo lugar, cada vez que estés a punto de emprender una nueva tarea, pregúntame si vas por buen camino. Quizá te parezca lo más lógico del mundo abordar de cierta manera el asunto, y tal vez lo has hecho así mil veces. 

No obstante, es posible que Yo tenga en cuenta ciertos factores que tú desconoces o que quiera indicarte una mejor manera de actuar. Cuando te haces el propósito de consultar tus planes conmigo me resulta mucho más fácil guiarte de manera que des en el clavo. Pídeme Mi opinión, por pequeño o insignificante que sea el asunto.

En tercer lugar, cuando surjan nuevos factores, pregúntame qué debes hacer. Yo veo el panorama general y puedo ayudarte a hacerte una idea más clara de la situación. Ir en línea recta no siempre es lo más seguro ni lo más rápido. A veces hay que hacerse a un lado o incluso dar un paso hacia atrás. Yo conozco el trayecto; pero no puedo dirigirte paso a paso a menos que consultes conmigo paso a paso.

Si te acuerdas de hacer esas tres cosas, las horas te rendirán más y tendrás la certeza de haber hecho todo lo posible para aprovechar el día al máximo. Eso te dará una enorme tranquilidad. A medida que te vayas acostumbrando a incluirme en tus planes y en tu trabajo, también irás conociéndome más íntima y profundamente. Si cuentas con Mi guía y Mi amorosa presencia, cada día cobrará una nueva dimensión.

Mensajes de Jesús

Estas palabras de Jesús las captaron hombres y mujeres como tú que simplemente pidieron a Jesús que les hablara. Invocaron la promesa bíblica, que reza: «Clama a Mí y Yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces» (Jeremías 33:3). Gracias a ello obtuvieron consejo, orientación y aliento.

Los mensajes de guía y consuelo que nos vienen en los ratos de oración personal expresan el gran amor y desvelo que nos prodiga Jesús. Él habla a todos los que crean en Él, le pidan que les hable y acepten que ese suave susurro (2 Reyes 12:9) que resuena en sus corazones es la voz de Él. Tú mismo puedes oír directamente a Jesús. Para interiorizarte más sobre el tema, te recomendamos que leas este libro.

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