Oración

Amor en el estacionamiento

¿Sabías que a medianoche la atmósfera en un estacionamiento puede ser muy romántica? Quiero contarte el idilio que tuve con Jesús caminando por una playa de estacionamiento.

No te pido perfección

Muchos se despreocupan de orar hasta que se hallan metidos en un buen lío. Entonces descubren que su fe flaquea y que hay cierta tirantez en su relación conmigo, pues hasta ese momento no me han dado mucha importancia. Se sienten indignos de acercarse a Mí en oración, o se consideran hipócritas y no saben por dónde empezar a enmendar las cosas.

La sencillez de la oración

Hace varios años mi vida se sumió en la incertidumbre. En medio de aquella crisis, sintiéndome perdida y a la vez estresada, comencé a cuestionarlo todo, aun los fundamentos mismos de mi fe. Hasta ese momento me había sentido a gusto orando; pero entonces se volvió una lucha. Unos días me enojaba con Dios; otros, sentía que no podía confiar en Él; y otros más ni siquiera sabía lo que sentía.

¿De quién es el tiempo?

Hace poco le comenté a una amiga que me sentía agobiada y estresada por mi trabajo, muy ansiosa. Como antídoto, ella me recomendó que pasara más tiempo meditando sobre la bondad de Dios y estudiando Su Palabra.

—Pero no tengo tiempo —protesté.

—¿Cómo que no tienes tiempo? —me insistió.

Tres aprendizajes

Comenzó una mañana cuando tuve un desacuerdo con mi esposa por algo que ella había dicho. Fue durante una temporada difícil en que yo andaba irritable y no hacía más que ver defectos en todas las personas de mi entorno. Estaba a punto de replicarle en duros términos cuando, con las palabras ya a flor de labios, me detuve y decidí orar para ver si era prudente decirlo. La respuesta fue un categórico no. En mi mente todo sucedió en un instante, pero eso dio inicio a una reacción en cadena que me llevó a enfocar las cosas de otra manera.

Lavando platos con Jesús

Algunos de los momentos más trascendentales que he pasado con Dios fueron cuando tenía las manos sumergidas en el agua con jabón donde lavo la vajilla. Desde hace años tengo el hábito de comenzar la mañana con oración y una lectura devocional. Pero el tiempo inapelablemente pasa, y al llegar cierta hora tengo que levantarme y meterme de lleno en la jornada con la sensación de que no he terminado del todo. Viene al caso una paráfrasis de un viejo himno góspel: «Con Él encantada estoy, pero en torno ya el día comienza»1.

Como la fragancia de una vela

Hay versículos de la Biblia con los que he tenido dificultades. Uno de ellos es: «Oren sin cesar»1. Pienso con frecuencia en esa exhortación, y me ha servido para entender la importancia de orar. Rezo mucho, pero debo confesar que no lo hago sin cesar, así que a menudo me he sentido culpable por no hacerlo lo suficiente.

Dos minutos

Suele resultarme difícil encontrar tiempo para orar. Si bien mi mujer y yo rezamos juntos todas las mañanas y antes de acostarnos, muchas veces desaprovecho las oportunidades que tengo de hablar un rato con Jesús a lo largo del día, sobre todo cuando surgen situaciones inesperadas. Sé que necesito orar, pero me resulta difícil, me cuesta un mundo apartar tiempo para la oración.

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