Oración

Secretos de la oración

En su libro A Year of Living Prayerfully (Un año viviendo en oración), Jared Brock describe con humor y agudeza el viaje que emprendió alrededor del mundo para descubrir y explorar los ejercicios, métodos, hábitos y estilos de oración que aplican los creyentes de distintos credos y países. Más que compilar una lista de técnicas, Brock quería experimentar la oración a cabalidad desde diversas perspectivas y desde el prisma de distintas confesiones religiosas. Así pues, él y su mujer dedicaron todo un año a la tarea.

A veces no se requiere un milagro

No soy ciudadana de los Estados Unidos de América por nacimiento. Ganarme el derecho a vivir aquí fue todo un proceso. Tuve que llenar pilas de formularios, pasarme horas al teléfono con funcionarios, pagar una suma considerable, registrar mis huellas digitales y acudir a una entrevista para determinar si reunía los requisitos para obtener la residencia. Y ¡yupi, lo conseguí! ¡Estaba tan contenta!

Dios responde

¿Te has preguntado alguna vez por qué ciertas oraciones no parecen obtener respuesta? Y en particular, ¿has desconfiado de la eficacia de tus propios ruegos a falta de una señal clara de que Dios los ha oído o tiene la intención de contestarlos?

Oraciones certeras

Cuando quieras dirigir bien tus oraciones para obtener óptimos resultados, intenta despejar tu mente. Puedes hacerlo en cualquier momento y lugar, inclusive en un sitio público lleno de gente, en un aeropuerto atestado, en el bus, en el tren o donde sea que te encuentres. Detente unos instantes, cierra los ojos y concéntrate en Mí: te ayudaré a focalizar tus pensamientos para que encauces bien tus oraciones.

Amor en el estacionamiento

¿Sabías que a medianoche la atmósfera en un estacionamiento puede ser muy romántica? Quiero contarte el idilio que tuve con Jesús caminando por una playa de estacionamiento.

No te pido perfección

Muchos se despreocupan de orar hasta que se hallan metidos en un buen lío. Entonces descubren que su fe flaquea y que hay cierta tirantez en su relación conmigo, pues hasta ese momento no me han dado mucha importancia. Se sienten indignos de acercarse a Mí en oración, o se consideran hipócritas y no saben por dónde empezar a enmendar las cosas.

La sencillez de la oración

Hace varios años mi vida se sumió en la incertidumbre. En medio de aquella crisis, sintiéndome perdida y a la vez estresada, comencé a cuestionarlo todo, aun los fundamentos mismos de mi fe. Hasta ese momento me había sentido a gusto orando; pero entonces se volvió una lucha. Unos días me enojaba con Dios; otros, sentía que no podía confiar en Él; y otros más ni siquiera sabía lo que sentía.

¿De quién es el tiempo?

Hace poco le comenté a una amiga que me sentía agobiada y estresada por mi trabajo, muy ansiosa. Como antídoto, ella me recomendó que pasara más tiempo meditando sobre la bondad de Dios y estudiando Su Palabra.

—Pero no tengo tiempo —protesté.

—¿Cómo que no tienes tiempo? —me insistió.

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