Oración

La solución de Giovanna

Al cabo de cuatro años y un viaje en autobús de 44 horas, por fin visité a mi hija y a mi yerno y conocí a mi nieta Giovanna. Me conquistó desde el primer instante. Es tan linda, tan inteligente, tan activa. Que me disculpen los demás abuelos, pero mi nieta es la más encantadora y bonita del mundo.

Oraciones certeras

Cuando quieras dirigir bien tus oraciones para obtener óptimos resultados, intenta despejar tu mente. Puedes hacerlo en cualquier momento y lugar, inclusive en un sitio público lleno de gente, en un aeropuerto atestado, en el bus, en el tren o donde sea que te encuentres. Detente unos instantes, cierra los ojos y concéntrate en Mí: te ayudaré a focalizar tus pensamientos para que encauces bien tus oraciones.

Amor en el estacionamiento

¿Sabías que a medianoche la atmósfera en un estacionamiento puede ser muy romántica? Quiero contarte el idilio que tuve con Jesús caminando por una playa de estacionamiento.

No te pido perfección

Muchos se despreocupan de orar hasta que se hallan metidos en un buen lío. Entonces descubren que su fe flaquea y que hay cierta tirantez en su relación conmigo, pues hasta ese momento no me han dado mucha importancia. Se sienten indignos de acercarse a Mí en oración, o se consideran hipócritas y no saben por dónde empezar a enmendar las cosas.

La sencillez de la oración

Hace varios años mi vida se sumió en la incertidumbre. En medio de aquella crisis, sintiéndome perdida y a la vez estresada, comencé a cuestionarlo todo, aun los fundamentos mismos de mi fe. Hasta ese momento me había sentido a gusto orando; pero entonces se volvió una lucha. Unos días me enojaba con Dios; otros, sentía que no podía confiar en Él; y otros más ni siquiera sabía lo que sentía.

¿De quién es el tiempo?

Hace poco le comenté a una amiga que me sentía agobiada y estresada por mi trabajo, muy ansiosa. Como antídoto, ella me recomendó que pasara más tiempo meditando sobre la bondad de Dios y estudiando Su Palabra.

—Pero no tengo tiempo —protesté.

—¿Cómo que no tienes tiempo? —me insistió.

Tres aprendizajes

Comenzó una mañana cuando tuve un desacuerdo con mi esposa por algo que ella había dicho. Fue durante una temporada difícil en que yo andaba irritable y no hacía más que ver defectos en todas las personas de mi entorno. Estaba a punto de replicarle en duros términos cuando, con las palabras ya a flor de labios, me detuve y decidí orar para ver si era prudente decirlo. La respuesta fue un categórico no. En mi mente todo sucedió en un instante, pero eso dio inicio a una reacción en cadena que me llevó a enfocar las cosas de otra manera.

Lavando platos con Jesús

Algunos de los momentos más trascendentales que he pasado con Dios fueron cuando tenía las manos sumergidas en el agua con jabón donde lavo la vajilla. Desde hace años tengo el hábito de comenzar la mañana con oración y una lectura devocional. Pero el tiempo inapelablemente pasa, y al llegar cierta hora tengo que levantarme y meterme de lleno en la jornada con la sensación de que no he terminado del todo. Viene al caso una paráfrasis de un viejo himno góspel: «Con Él encantada estoy, pero en torno ya el día comienza»1.

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