Oración

Como la fragancia de una vela

Hay versículos de la Biblia con los que he tenido dificultades. Uno de ellos es: «Oren sin cesar»1. Pienso con frecuencia en esa exhortación, y me ha servido para entender la importancia de orar. Rezo mucho, pero debo confesar que no lo hago sin cesar, así que a menudo me he sentido culpable por no hacerlo lo suficiente.

Dos minutos

Suele resultarme difícil encontrar tiempo para orar. Si bien mi mujer y yo rezamos juntos todas las mañanas y antes de acostarnos, muchas veces desaprovecho las oportunidades que tengo de hablar un rato con Jesús a lo largo del día, sobre todo cuando surgen situaciones inesperadas. Sé que necesito orar, pero me resulta difícil, me cuesta un mundo apartar tiempo para la oración.

Una receta saludable

La oración en muchos casos se asemeja a la elaboración del pan: hay que mezclar los ingredientes, amasar, dejar leudar la masa y finalmente hornear el pan.

Primer paso: Mezclar los ingredientes. Al hacer pan, uno no echa en un recipiente cantidad de ingredientes al azar con la esperanza de que salga una barra de pan. Para conseguir algo medianamente comestible, hay que poner ciertos ingredientes bien específicos.

Pedir, buscar, llamar

El capítulo 7 de Mateo, el último del Sermón del Monte, contiene una serie de sucintas declaraciones que develan importantes preceptos para los creyentes. Se retoma la cuestión de la oración sobre la base de lo ya expuesto anteriormente en el Sermón: que no debemos rezar como los hipócritas que aspiran a ser vistos por los demás1, ni como los paganos, que se explayan interminablemente pensando que sus oraciones obtendrán respuesta si las repiten una y otra vez2; sino orar con la confianza de que nuestro Padre nos ama y vela por nosotros3.

El tapón de corcho y la barra de acero

La Biblia enseña que «la oración del justo es poderosa y eficaz»1. Así y todo, la mayoría probablemente hemos dudado en algún momento de la eficacia de nuestras oraciones, sobre todo si llevamos largo tiempo rezando con ardor y perseverancia por cierta situación que aún no presenta visos de resolverse.

Almuerzos de oración

Cuando estaba en el segundo semestre de mi primer año de universidad, algunos compañeros de curso cristianos tuvimos la sensación de que nuestra fe iba quedando ahogada por nuestros estudios, amigos, clubes y pasatiempos. No queríamos que terminara siendo un interés al que dedicáramos un poquito de tiempo los fines de semana y que luego dejáramos de lado para volver los lunes al emocionante trajín y las aventuras de la vida universitaria. El problema se agravaba por el hecho de que muchos vivíamos lejos de las iglesias y grupos a los que estábamos habituados, y otros se hospedaban con familiares que no eran creyentes.

Un encuentro amistoso

Cada mañana sin falta saco a pasear a mi caniche negra, una actividad que para ella es de máxima importancia. Así comienza mi jornada. Seguimos siempre la misma ruta, que nos toma unos diez minutos de principio a fin.

Lo máximo que podemos hacer

Ordenando papeles al final del año encontré un viejo diario. Leí la larga lista de cosas que me había propuesto para aquel año y no pude menos que sonreír. Esperaba mucho de mí misma.

Este año pasado decidí proponerme solamente tres cosas: ser más amorosa y alentadora; terminar una obra literaria en la que llevo tiempo trabajando y comenzar una nueva, y usar una lista de oración.

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