Oración

Como perro con dos colas

Estaba en la puerta, saltando de alegría, ladrando y batiendo la cola, como si dijera: «¡Ha vuelto!» Después de una jornada larga y agotadora, nuestra perra Labrador negra me dispensó la más estupenda bienvenida.

Me hizo sentirme bien. Le sonreí y le presté la atención que ella quería. Al fin y cabo, el perro es el mejor amigo del hombre.

Capear el temporal

Hace algunos años viajé en un carguero con mi familia de Europa a Sudamérica, nuestro nuevo destino de servicio. Debido a largas demoras en el embarque de la carga tuvimos que zarpar en pleno invierno mediterráneo, más o menos en la misma época del año en que el apóstol Pablo naufragó cerca de las costas de Malta1. Nos lo tomamos a broma, y sin mucha convicción le rogamos a Dios que no fuéramos a correr la misma suerte.

Acude a Él

«Mi amado me habló y me dijo: «¡Levántate, amada mía; ven conmigo, mujer hermosa!”»1

Marta fue una mujer que tuvo que aprender la importancia de valorar por sobre todas las cosas la paz y la inspiración que nos brinda Jesús. En una ocasión en que Él fue a visitarla, se preocupó tanto de ser buena anfitriona y estuvo tan inquieta y ajetreada que no le quedó tiempo para Él2. Ese incidente encierra una enseñanza para todos nosotros.

Oraciones eficaces

¿Te olvidas a veces de rezar, o no sabes cómo empezar o qué decir cuando te acuerdas? Toma tiempo hacerse el hábito de orar, pero vale la pena cultivarlo, pues puede servirnos para evitar o resolver muchos problemas. Si tus ratos de oración necesitan un envión, te resultarán útiles los siguientes consejos.

Lo que puede lograr la oración

Aquellos ratos que estamos en la oración, sea cuan flojamente quisiereis, tiénelos Dios en mucho.
Santa Teresa de Jesús (1515–1582), mística y escritora española

La oración —secreta, ferviente y llena de fe— es lo que posibilita que seamos y actuemos como Dios espera de nosotros.
William Carey (1761–1834), misionero inglés

Espera curiosa

A veces nos sorprendemos cuando Dios hace algo inexplicable en respuesta a una oración. Medio desconcertados decimos: «¡Qué raro!», o: «¡Increíble!», o alguna exclamación por el estilo. Pero no debiera ser así. Si confiamos en las promesas divinas tanto como en la promesa de un hombre o una mujer de palabra —de esos que dicen y hacen—, no debiera extrañarnos que Dios cumpla lo convenido y se muestre fiel a Su palabra.

El ascensor

—No hemos logrado ni la mitad de lo que teníamos planeado hacer esta mañana—mascullé nerviosa al subirme al ascensor que debía llevarnos a mi marido y a mí al piso 20 de un céntrico edificio donde teníamos una cita.

Instantes después, el ascensor se detuvo repentinamente, y un manto de tinieblas lo envolvió todo.

Determinación inconmovible

Durante años casi siempre cerraba mi programa de radio, Momentos de meditación, con la frase: «Dios todavía está en el trono, y la oración surte efecto». Un oyente me escribió diciéndome: «No encuentro esas palabras en la Biblia».

Si bien es cierto que no están en la Biblia, no cabe duda de que están en consonancia con las Escrituras y que expresan una verdad importante.

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