¿Basta con una sola oración?

¿Basta con una sola oración?

Pregunta: ¿Qué debo hacer si rezo y no obtengo una respuesta enseguida, o al menos en un plazo prudencial? ¿Basta con una sola oración, o debo seguir orando hasta que Dios me responda o me indique a las claras que no va a concederme lo que le pedí?

Respuesta: La oración es un acto de fe; oramos porque creemos que Dios puede respondernos y va a hacerlo. Sin embargo, en ciertas ocasiones no nos responde con tanta prontitud como quisiéramos o esperamos, y eso pone a prueba nuestra fe. En tales casos, cuando seguimos orando —no con una actitud escéptica o acusatoria, como increpándolo por no habernos respondido, sino confiando en que nos responderá a Su tiempo— le demostramos que no hemos perdido la fe.

No obstante, en ciertos casos llega un momento en que es preciso que dejemos de orar, al menos mientras reevaluamos la situación. Con el tiempo cambian las circunstancias, por lo que tal vez es necesario que modifiquemos o adaptemos nuestras plegarias. En otros casos, Dios no nos responde porque lo que le pedimos no es conveniente, o porque nuestros móviles no son puros. «Pedís, y no recibís, porque pedís mal» enseñó el apóstol (Santiago 4:3). Puede darse también el caso de que, por más que pidamos con buenas intenciones, Dios esté en cierto sentido atado de manos a causa de las decisiones erróneas de otras personas, puesto que Él otorga a cada uno libre albedrío. En tales casos es preferible que oremos para que Dios resuelva el problema o nos ayude a sacar el mejor partido de la situación, por más que no sea ideal. Otra posibilidad es que Dios quiera valerse de lo que está ocurriendo para enseñarnos, por ejemplo, paciencia: «Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas,sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia» (Santiago 1:2,3, RV95). En otras ocasiones la respuesta divina está en camino, pero aún no acertamos a verla. Cuando sucede eso, Dios quiere que demostremos nuestra fe dando por hecho lo que hemos pedido y agradeciéndoselo aun antes que llegue. También puede ocurrir que la respuesta no coincida con lo que habíamos pedido, pero que en realidad sea lo mejor para nosotros, y en esos casos debemos reconocer la mano de Dios.

Cualesquiera que sean las circunstancias, Dios puede indicarte no solamente si debes seguir orando, sino también cómo hacerlo con la mayor eficacia posible. Si sabes que tus plegarias están bien dirigidas, puedes tener la tranquilidad de que Dios las responderá cuando considere que el momento y las circunstancias son propicios. «Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido»  (1 Juan 5:14,15, NVI).

Mientras tanto, sigue confiando en Dios. Cree en Sus promesas, en Su amor, en Su poder, en Su sabiduría y en Su deseo de darte lo mejor. Nunca te defraudará. 

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