¿De quién es el tiempo?

¿De quién es el tiempo?

Hace poco le comenté a una amiga que me sentía agobiada y estresada por mi trabajo, muy ansiosa. Como antídoto, ella me recomendó que pasara más tiempo meditando sobre la bondad de Dios y estudiando Su Palabra.

—Pero no tengo tiempo —protesté.

—¿Cómo que no tienes tiempo? —me insistió.

—O sea, no dispongo de cantidad de tiempo libre —le respondí un poco molesta y perpleja.

—Ya, dices que no tienes mucho tiempo que sea tuyo. Como si pudieras decir que la luz del sol es tuya. Eso no lo dirías nunca porque sabes que el sol lo creó Dios. ¿Por qué no concibes el tiempo como un regalo o préstamo que Él te haceen lugar de considerarlo tuyo?

—Mira, no… es que… este…

No sabía qué decir. No me había dado cuenta de que consideraba el tiempo como algo mío. Pero ella tenía razón. La idea de que Dios me prestara o concediera tiempo parecía absurda. ¡Más bien estaba acostumbrada a pensar que era yo la que le concedía a Él generosamente porciones preciadas de mi tiempo! Cuanto más vueltas le daba, más me convencía de lo arraigado que tenía en mi conciencia ese concepto.

Al día siguiente conversé un poco más con mi amiga. Hablamos de que mi actitud posesiva respecto a mi tiempo me había llevado a centrarme únicamente en mis ideas, metas y deseos, excluyendo a Dios de mis decisiones. Sin Su ayuda para organizar más eficientemente mi horario y mi vida me estaba costando mantenerme al día con mi trabajo. No era de extrañar que estuviera estresada y pensara que no tenía tiempo para dialogar con mi Creador.

En los días que siguieron noté que mi concepto errado del tiempo había afectado también mi actitud frente a mi familia, mi trabajo, mis posesiones y muchos otros aspectos de mi vida cotidiana. Me di cuenta de que el posesivo mi había arraigado en mi corazón más de lo que yo pensaba. En lugar de estar agradecida y ser generosa con lo que se me había dado, me aferraba egoístamente a todo aquello a lo que pensaba que tenía derecho. Cuando me daba la impresión de que Dios no respondía a mis oraciones o no me concedía mis deseos, me ponía furiosa y me decía: «¿Cómo es que mi Dios no está haciendo lo que quiero cuando yo quiero?», como si Él fuera mi mandadero.

No ha sido fácil reprogramarme, y todavía me queda mucho camino por recorrer; pero estoy aprendiendo a afirmar al igual que el salmista: «Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra»1.

1. 1 Crónicas 29:11 (NVI)

Elsa Sichrovsky

Elsa Sichrovsky es escritora independiente. Vive con su familia en Taiwán. 

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