Dos listas

Dos listas

Creo en la oración. Creo en su efectividad. Estoy convencida de que influye positivamente en muchas situaciones. Y lo que es más, creo en el efecto que la oración tiene en , que hace de mí una mejor persona.

Yo funciono con listas. Elaboro listas para todo tipo de cosas. Dos de ellas están relacionadas con la oración. Una es una lista de cosas por las que estoy orando actualmente. Algunas de esas peticiones las tengo tan presentes que ni siquiera tendría que apuntarlas, mientras que otras tienen que ver con necesidades de amigos míos o situaciones que han aparecido en las noticias y por las cuales he sentido el impulso de orar. Cuando algo parece merecer más que una oración pasajera, lo agrego a mi lista.

La otra lista es mucho más larga. Es donde anoto las oraciones respondidas. Comencé esa lista hace unos cinco años, y ¡ojalá la hubiera empezado mucho antes! Así sería mucho más larga. Constituye un testimonio maravilloso e inspirador de la bondad de Dios. Cada vez que la repaso, mi fe se acrecienta. Otro beneficio de tener una lista de situaciones que requieren oración, aparte de ser un recordatorio para que ore, es la posibilidad de revisarla y ver todas las peticiones que han sido respondidas por Dios.

Echemos un vistazo a algunos detalles de mis listas de oración.

El primer ítem de la lista de situaciones que requieren oración es un amigo de Inglaterra que se enfermó repentinamente poco antes de la Navidad pasada. Lo internaron y lo dieron de alta repetidas veces durante meses, a lo que siguió un prolongado período de convalecencia. Estoy convencida de que fueron las oraciones de sus familiares y amigos las que lo ayudaron a superar esa prueba. Es un milagro que esté vivo, y más aún que se encuentre tan bien como está ahora. Eso ya figura en mi lista de oraciones respondidas. Sin embargo, ahora rezo para que continúe fortaleciéndose y se recupere por completo. Además, ruego específicamente que goce de suficiente salud para pasar la Navidad en casa este año.

El siguiente punto tiene que ver conmigo. Aunque es algo que no se me va a olvidar, quería dejar registrados algunos detalles. Actualmente estoy buscando un departamento, pues en menos de tres meses necesito dejar el que tengo en estos momentos. Huelga decir que encontrar una nueva vivienda va a requerir un poco de esfuerzo de mi parte, pero me gustaría dejar que el Señor haga parte del trabajo. Poner por escrito los detalles de lo que necesito y deseo es mi forma de encomendárselo a Dios y de demostrar que confío en que Él obrará a mi favor.

Pasemos ahora a la segunda lista, que guardo en el computador en un archivo titulado Mis oraciones respondidas.

Me llama la atención que varios ítems de esta lista tienen que ver con mis compañeros de trabajo, con el trabajo en sí o con mis relaciones laborales. Cuando se aproxima una reunión importante, me gusta empezar a rezar un par de días antes, ya que creo que así Dios no solo me predispone para actuar y hablar con buen criterio, sino que además puede sugerir ideas y pensamientos a los demás participantes y prepararlos para que la reunión sea productiva. En mi lista figuran unos cuantos puntos sobre reuniones que resultaron más fáciles de lo que esperaba, o conversaciones en las que la otra persona resolvió un problema antes que el tema se complicara.

Tengo otras anotaciones relacionadas con el trabajo: ocasiones en las que buscábamos más personal para nuestro departamento, o en las que prácticamente nos hacía falta un milagro para cumplir un plazo, o en las que necesitábamos darle la vuelta a nuestra situación económica, y así sucesivamente.

Hablando de circunstancias dramáticas, hubo un día hace tres años —cuando vivía en México— en que nuestro jardinero cayó de una escalera de dos pisos de altura. Lo vi por los ventanales de la sala de estar segundos después de producirse el accidente. Pensé que estaba muerto o gravemente herido. Había otras personas presentes, así que mientras una llamaba a una ambulancia, los demás oramos. Al final el hombre salió completamente ileso. No sufrió conmoción cerebral ni se rompió ningún hueso. Apenas si tuvo un rasguño.

Otro caso fue el de dos misioneros en Nigeria de los que me enteré por un amigo mutuo. Estuvieron secuestrados durante cuatro días a principios de 2010. Apunté en mi lista que en el último día de su cautiverio mi grupo de oración pidió específicamente que fueran puestos en libertad aquel mismo día, y así fue. (La impresionante experiencia que vivieron probablemente debería publicarse algún día en esta revista, así que no voy a relatarla ahora.)

Más bien pondré punto final a este artículo, pues antes de comenzar mi trabajo de hoy quiero tomarme unos minutos para alabar a Dios por las muchas oraciones respondidas de las que he sido testigo, y también por las que aún no ha respondido, pero que estoy segura de que va a responder.

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Jessie Richards

Jessie Richards formó parte del equipo de redacción y producción de la revista Activated entre el 2001 y el 2012. Es autora de diversos artículos publicados en la revista y además ha escrito y revisado textos para otras publicaciones y páginas web cristianas.

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