Dos minutos

Dos minutos

Suele resultarme difícil encontrar tiempo para orar. Si bien mi mujer y yo rezamos juntos todas las mañanas y antes de acostarnos, muchas veces desaprovecho las oportunidades que tengo de hablar un rato con Jesús a lo largo del día, sobre todo cuando surgen situaciones inesperadas. Sé que necesito orar, pero me resulta difícil, me cuesta un mundo apartar tiempo para la oración.

Por lo menos así era hasta que leí la regla de los 2 minutos1. Funciona de la siguiente manera:

La mayoría de las tareas que postergamos en realidad no son difíciles; son totalmente factibles, pero por algún motivo evitamos iniciarlas, más que nada por eso de que «no tenemos tiempo».

La regla de los 2 minutos nos permite superar la indecisión y la pereza y nos da el envión para actuar. Consta de 2 partes:

1ª parte: Si toma menos de dos minutos, hazlo ya.

Son muchas las cosas que postergamos cuando podríamos realizarlas en menos de dos minutos. Por ejemplo, lavar la vajilla apenas terminamos de comer, meter la ropa en la lavadora, sacar la basura, ordenar la habitación, enviar un correo electrónico, y muchas más.

Le regla dice, pues, que hagas enseguida lo que te vaya a tomar menos de dos minutos. ¿Se aplica eso a la oración? ¡Claro que sí!

2ª parte: Cuando estés empezando a adquirir un nuevo hábito, este no debería tomarte más de dos minutos.

¿Es factible alcanzar todos nuestros objetivos en menos de dos minutos? Claro que no, pero en dos minutos puedes acercarte a tu objetivo, sea cual sea. Aunque las oraciones largas y fervientes son estupendas y muy necesarias, las oraciones breves, inmediatas, son un buen punto de partida.

¿Cómo me ayuda esto a orar más? En lugar de esperar a disponer de una porción grande de tiempo para orar, procuro hacer oraciones breves a lo largo del día, en cuanto se presenta la necesidad si es posible. La Biblia promete que Jesús siempre me escucha, así que actúo sobre la base de esa verdad2. Y ¿sabes qué? Creo que ya estoy adquiriendo el hábito de orar.

* * *

Pensamos en la oración como preparación para el trabajo, o como un momento de calma después de hacer el trabajo, cuando en realidad la oración es el trabajo mismo. Oswald Chambers (1874–1917)

La oración, en su máxima expresión, es un diálogo, y para mí la parte más importante es escuchar las respuestas de Dios. Frank Laubach (1884–1970)

1. David Allen, Organízate con eficacia
2. V. 1 Juan 5:14,15

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Chris Mizrany

Chris Mizrany

Chris Mizrany es misionero, diseñador de páginas web y fotógrafo. Colabora con la fundación Helping Hand en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

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