La solución de Giovanna

La solución de Giovanna

Al cabo de cuatro años y un viaje en autobús de 44 horas, por fin visité a mi hija y a mi yerno y conocí a mi nieta Giovanna. Me conquistó desde el primer instante. Es tan linda, tan inteligente, tan activa. Que me disculpen los demás abuelos, pero mi nieta es la más encantadora y bonita del mundo.

Un día que estaba corriendo y jugando un poco alborotada, pasó velozmente de hacer la figura de la A en la cama (cabeza y pies firmemente plantados en el colchón, el trasero hacia arriba, los brazos formando el travesaño de la A) a caer al piso con un ruido sordo. Se llevó una sorpresa, pero afortunadamente no fue nada grave. Por un momento quedó sentadita con cara de susto, incredulidad y vergüenza.

Tras unos instantes, se recuperó y se puso de pie. Me ofrecí a orar por ella, pues me imaginé que aquella caída insospechada le había dolido siquiera un poquito. Tan pronto como terminé la oración, ella abrió sus ojazos color almendra y vi que había recuperado su inconfundible chispita de picardía. Separó las manos y quedó lista para reanudar las actividades importantes de su vida de niña: más saltos y juegos.

Poco después su padre tuvo que viajar a otra ciudad y ausentarse dos días. Ella lo extrañaba. Él acostumbra pasar un rato con ella todos los días después de la cena siempre que puede, y esa era la hora en que ella más lo echaba de menos. Una tarde mi hija le dijo que, en vez de estar triste, debería orar por su papá; entonces rezaron juntas. Enseguida la expresión de Giovanna se transformó. Dejó de preocuparse y extrañar a su papá y se quedó tranquila. Volvió a ser la niña contenta y juguetona de siempre.

Su fe sencilla me llevó a replantearme la mía. Una cosa es rezar y confiar en que Dios contesta nuestras oraciones —al fin y al cabo, acudimos a Él porque esperamos respuestas—; y otra muy distinta orar con tal convencimiento de que Dios nos oye que al instante dejemos de preocuparnos. Giovanna no dudó en absoluto; por eso se quedó satisfecha y pasó a otra cosa.

¿Para qué preocuparnos, entonces? Podemos aplicar la solución de Giovanna a nuestros problemas y desilusiones. Basta con que encomendemos esas situaciones al Señor y confiemos en que Él las resolverá, sin afanarnos por cómo ni cuándo.

Victoria Olivetta

Victoria Olivetta

Victoria Olivetta es argentina. Tiene tres hijos y tres nietos. Como integrante de La Familia Internacional, ha consagrado los últimos 30 años de su vida al servicio al prójimo. Actúa de consejera para enfermos terminales y personas que sufren de depresión. Cuando el tiempo lo permite, se distrae escribiendo y traduciendo.

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