Lavando platos con Jesús

Lavando platos con Jesús

Algunos de los momentos más trascendentales que he pasado con Dios fueron cuando tenía las manos sumergidas en el agua con jabón donde lavo la vajilla. Desde hace años tengo el hábito de comenzar la mañana con oración y una lectura devocional. Pero el tiempo inapelablemente pasa, y al llegar cierta hora tengo que levantarme y meterme de lleno en la jornada con la sensación de que no he terminado del todo. Viene al caso una paráfrasis de un viejo himno góspel: «Con Él encantada estoy, pero en torno ya el día comienza»1.

Total que le digo a Dios: «Podemos terminar esto más tarde», y con eso me llevo la vajilla del desayuno a la cocina. Como no me gusta mucho lavar platos, a veces escucho música o un podcast inspirativo mientras lo hago. Sin embargo, con frecuencia trabajo en silencio y dejo divagar mis pensamientos. Cavilo sobre algún suceso y me pregunto por qué pasan ciertas cosas. Pienso en mi hija y su familia y en otros seres queridos, y enseguida mis pensamientos se tornan en sencillas oraciones.

A veces me viene entonces a la cabeza un pensamiento nuevo, algo en lo que no había reparado antes: quizá un nuevo enfoque de una situación o unas palabritas de aliento, o una idea o solución para un problema con el que estoy lidiando. A veces ni siquiera es una idea concreta, sino una sensación de paz interior, de confianza y gratitud.

Cuando pasa eso me queda claro que no es algo que yo misma elucubré, sino que esa inspiración proviene de la apacible voz de Dios, que me habla al alma. Como dijo una vez Billy Graham: «Puedo afirmar que Dios está vivo porque hablé con Él esta mañana».

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Es notable el ejemplo del hermano Lorenzo, un humilde cocinero en un monasterio francés del siglo XVII que fue capaz de convertir incluso un trabajo aburrido como lavar los platos en un acto de adoración y una oportunidad de cultivar su relación con Dios. Lorenzo manifestó: «El secreto de la comunión con Dios no consiste en cambiar lo que hacemos, sino en cambiar nuestra actitud en el momento de hacerlo; en comenzar a realizar nuestras actividades (comer, lavarnos, trabajar o descansar) para Dios y no para nosotros mismos»2.

En todo el mundo no hay manera de vivir más dulce y deliciosa que tener una conversación continua con Dios. Hermano Lorenzo (c. 1614–1691)

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Sally García

Sally García es educadora y misionera. Vive en Chile y está afiliada a la Familia Internacional.  

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