Los renglones torcidos de Dios

Los renglones torcidos de Dios

Cuando niña escuchaba con frecuencia la frase: «Orar no es lo menos que se puede hacer, sino lo máximo». Pensaba que cualquier situación podía resolverse rezando con fervor. A mis 9 añitos de edad, cuando mi papá me contó que a nuestro amigo Jim le habían diagnosticado cáncer, decidí que iba a rogar fervientemente para que se mejorara. Jim tenía una mujer y tres hijos todavía en edad escolar. Seguramente Dios no sería tan cruel como para quitárselo a todas esas personas que dependían de él. Cada día dedicaba 10 minutos a rezar por Jim. Inicialmente hubo señales alentadoras de que mis oraciones eran escuchadas. El tumor se iba reduciendo y él se sentía más fuerte. Mis plegarias estaban dando resultado.

No obstante, seis meses más tarde su condición empeoró. El cáncer se le había extendido a otros órganos y la prognosis clínica era sombría. Me empecé a cuestionar si tal vez no había rezado con suficiente fervor. ¿No había reclamado acaso suficientes versículos de la Biblia? Elevé más afanosas plegarias. Un día mi padre me dijo que tenía algo que contarme sobre Jim. Su mirada de dolor me advertía que cabía esperar lo peor.

—Jim falleció hace unos días —me dijo en voz baja.

Prorrumpí en llanto.

—Pero papi, ¡yo recé! De todo corazón.

Mi padre me miró compasivamente.

—No es culpa de nadie, mi amor, Dios tiene un plan. Solo Él sabe por qué.

No conseguía aceptar aquella explicación. Si Dios es amor, ¿por qué dejaría sin padre y marido a personas que lo necesitan? ¿Por qué no respondió Dios a nuestras fervientes oraciones? ¿Qué sentido tiene orar si no remedia nada? Mi padre vio aquel escepticismo dibujado en mis ojos.

—La oración no es una pócima que cura todos tus males. Le hablaste a Dios sobre Jim, pero Él sabe lo que será mejor. Tenemos que confiar en Él.

Fui creciendo y aprendí que no se pueden usar la oración y la fe como remedio instantáneo para que mi vida se ajuste a mi percepción de lo que sería mejor. Dado que Dios ve el pasado, el presente y el futuro, desde mi limitada perspectiva humana no siempre voy a entender la forma en que obra en la vida de las personas. Un día en el Cielo finalmente contemplaré el plan maestro que hubo detrás de tantas tragedias y frustraciones de la vida que en su momento parecieron absurdas. Hasta entonces tengo que hacer a un lado mis ansias de certezas y soluciones fáciles y confiar en el único que lo sabe todo.

Elsa Sichrovsky

Elsa Sichrovsky es escritora independiente. Vive con su familia en Taiwán. 

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