Mi círculo de oración

Mi círculo de oración

El timbre de mi teléfono interrumpió aquella tarde mi tranquilo trayecto en automóvil. Era una amiga cercana. «¡Marie, necesito que reces por mí!» Apenas tenía unos momentos para hablar, los suficientes para contarme las situaciones angustiosas que se le habían presentado. Le aseguré que rezaría por ella. Cuando cortó la comunicación, me puse a orar por ella. Lo hice en voz alta hasta llegar a mi destino.

Somos amigas desde hace algún tiempo, y hemos intercambiado llamadas y mensajes de texto cuando ha sido preciso rezar urgentemente por algo. Hemos orado la una por la otra al pasar por experiencias que supusieron un cambio importante. Espero que eso continúe. La oración —una conversación continua entre Jesús y yo— ha estado intrincadamente ligada a los altibajos de mi vida. Y me encanta que en un momento de necesidad o de júbilo, alguien más pueda unirse a la conversación y aportar su fe, pasión y amor.

Entre los cristianos, la frase: «Estoy orando por ti» se repite con frecuencia a la ligera, sin que en muchos casos tenga ninguna repercusión por falta de compromiso. Cuando una persona atraviesa una crisis, tendemos a buscar algo concreto que podamos hacer por ella, pues eso nos parece más eficaz que limitarnos a orar. Mas lo cierto es que comprometernos a orar es uno de los servicios más útiles que podemos prestar.

Mi madre me lo ha demostrado una y otra vez. No es una mujer influyente ni acaudalada; pero cuando me dice que está rezando por mí, sé que todo va a salir bien. Con sus ruegos me ha ayudado a salir de más de una dificultad. El solo hecho de saber que reza por mí siempre me ha resultado reconfortante y motivador. Al menos sé que ella tiene plena confianza en la fidelidad divina, aun en ocasiones en que a mí me ha costado tener esa misma convicción.

Orar unos por otros es una de las maneras más importantes de servirnos mutuamente que tenemos los seguidores de Jesús. La Biblia dice que Él «vive siempre para interceder por [nosotros]»1. Y nos concede el privilegio de interceder también unos por otros. Aunque no me considero una experta en la oración, estoy convencida de que, por nimios que sean los esfuerzos que invierto en mis ruegos, estos pueden levantar el ánimo a personas que están alicaídas y producir cambios positivos.

Cuando mi amiga me pide que ruegue por ella, lo hago de todo corazón. Sé que ella hace lo mismo por mí. Me consta que por medio de la oración podemos manifestarnos amor y cariño a pesar de las distancias o la separación física.

1. Hebreos 7:25

Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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