Optimizar la oración

Optimizar la oración

Muchas veces oramos por una persona y esta se cura de inmediato o en un plazo breve. También hay ocasiones en que rezamos por alguien que tiene una enfermedad muy grave, durante meses o incluso años, y aun así no vemos los resultados que hemos pedido. Es posible que en esas situaciones nos preguntemos qué ha pasado. ¿Algo salió mal?

Lo que dice la Biblia acerca de no cansarnos de hacer el bien1 se aplica sin duda a nuestras oraciones en favor de personas afectadas por enfermedades de larga data. Es posible que tengamos la tentación de preguntarnos: «¿Por qué perder el tiempo si parece que esto no funciona?» Sin embargo, nosotros no captamos sino el momento; a diferencia de Dios, no percibimos un intervalo extenso de tiempo. Debemos confiar en que Él sabe qué es lo que producirá el mayor bien. A fin de cuentas, ¿no es eso lo que buscamos?

Claro que cuando no vemos los resultados que esperamos es natural que nos sintamos derrotados, decepcionados y plagados de interrogantes, porque hemos orado de todo corazón, con sinceridad; sin embargo, ese es precisamente el momento de confiar. Me recuerda el versículo: «Lo que ustedes necesitan es tener paciencia; para que, una vez que hayan hecho la voluntad de Dios [acudiendo a Él], reciban lo que Él ha prometido darnos»2.

Tomemos, por ejemplo, mi situación. Después de muchas oraciones a lo largo de años todavía tengo una dolencia en los ojos que me afecta mucho. ¿Significa eso que mis oraciones han sido ineficaces y un desperdicio de tiempo? ¡Te aseguro que la respuesta a esa pregunta es un no rotundo, absoluto y definitivo! Esas oraciones no han sido inútiles ni ineficaces. La Biblia nos enseña que la oración es «poderosa y eficaz»3.

Cuando me tomo el tiempo de buscar la perspectiva de Dios, mi visión de mi situación es más equilibrada. Me doy cuenta de que decir que todavía no se me han curado los ojos es dar una imagen incompleta de mi caso. Es cierto que todavía no me he curado de manera permanente; pero me he beneficiado de muchas curaciones temporales.

Si le doy demasiada importancia a una sanación plena y permanente, minimizo y desprecio cosas mucho más grandes que el Señor ha hecho en mi vida. Cuando doy excesiva importancia a la erradicación total de mi enfermedad, en el plazo que yo quiero, no pongo de relieve las maravillas que Dios ha hecho por mí al curarme temporalmente, por breves períodos, una y otra vez, cuando más falta hacía.

Todavía le pido que me cure totalmente de mi dolencia, porque sé que Él es capaz de responder así. Sin embargo, también le doy gracias por la manera en que ya me ha contestado. Si bien padezco una enfermedad de larga data, el Señor tiene un servicio de salud a largo plazo que me ha proporcionado día a día lo que he precisado, a la medida de mis necesidades. La verdad es que ha sido provechoso que haya tenido esta enfermedad por tanto tiempo, ya que he dispuesto de mucho más tiempo para experimentar reiterados episodios de curación. Las veces en que Jesús me mejoró temporalmente la vista para que hiciera alguna tarea o para satisfacer una necesidad concreta reforzaron más mi fe en la curación que si me hubiera curado del todo desde el principio. Si bien no obtuve una curación plena y definitiva, ¡siempre recibí la curación que Él sabía que necesitaba en ese instante! Esos chispazos de curación me llegaron en los momentos en que más falta me hacían.

Esta prolongada enfermedad de los ojos ha seguido obrando cosas mayores en mi vida que si me hubiera beneficiado de una sola curación permanente. Dios ha tomado todas las oraciones que se han hecho por mi sanación y ha encauzado su poder para generar muchas cosas buenas. Ha respondido a esas oraciones enseñándome a tener compasión y a depender de Él, y ha sido porque no me he curado del todo.

En algunos casos, una curación rápida quizá no sea lo que obre el mayor bien general. Está el caso de los diez leprosos que, mientras iban a presentarse ante los sacerdotes, se curaron. Nueve de ellos se distrajeron tanto con su curación instantánea que salieron corriendo y se olvidaron de darle las gracias a Jesús4. Eso es algo que me animó cuando estaba meditando sobre el tema. Mi curación incompleta me ha ayudado a seguir caminando más por fe que por vista5 y a agradecerle a Dios cada destello de curación.

1. Gálatas 6:9
2. Hebreos 10:36 (RVC)
3. Santiago 5:16 (NVI)
4. V. Lucas 17:12–19
5. V. 2 Corintios 5:71

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Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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