Romper el hábito de preocuparse

Romper el hábito de preocuparse

Isaac era el único hijo de Abraham y Sara, prometido por Dios y concebido por milagro, dada la avanzada edad de ambos. No es tan famoso como su padre o siquiera su hijo Jacob. Pero de él aprendí algo muy valioso.

Durante una hambruna, Isaac se mudó al valle de Guerar, de los filisteos, donde reabrió unos pozos de agua cavados por su padre Abraham. Sin embargo, los pastores de Guerar discutieron con sus hombres alegando que los pozos eran suyos. Dadas las circunstancias, una vez más se llevó a su familia, sirvientes y rebaños a otro lugar donde por fin pudo vivir en paz. Nunca perdió las esperanzas ni la fe. Siguió buscando y procurando hasta obtener la victoria.1

Mi finado marido también poseía esa fe perseverante. En cierta ocasión nos quedamos sin gasolina en un camino rural del sur de Brasil. En la primera hora apenas pasaron dos autos y ninguno de ellos se detuvo; así que mi marido oró: «Dios mío, que el próximo auto que pase se detenga y nos ayude». Al rato pasó un auto, pero siguió de largo. No obstante, al cabo de unos minutos regresó.

—Después de pasarlos —confesó el joven conductor— una voz me repetía una y otra vez en la cabeza: Tienes que volver y ayudar a esa familia.

Aunque tengo tendencia a preocuparme cuando enfrento adversidades, a través de los años ideé algunas estrategias que me resultaron útiles. En cuanto me levanto en la mañana me preparo el desayuno y me lo llevo a mi escritorio. Escucho un mensaje devocional mientras como y apunto versículos o pasajes que me hablan al alma. Luego abro mi cuaderno de oraciones y rezo por todo lo que apunté allí para esa semana. Añado cualquier cosa que me tiene preocupada ese día en particular y marcó las oraciones respondidas y los logros. Ese método me infunde paz, pues lo he puesto todo en manos de Dios.

También trato de captar cualquier enseñanza que Dios se proponga impartirme esa semana. Esta semana, por ejemplo, me topé varias veces con el versículo: «Estén quietos y reconozcan que yo soy Dios.»2 Sabía, pues, que Dios quería que le prestase atención. Cuando finalmente me tomé un rato para leer algunos salmos y escuchar un himno en medio de la naturaleza, sentí que la paz de Dios me embargaba el alma.

1. V. Génesis 26:17–22.
2. Salmo 46:10 (RVA-2015)

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Rosane Pereira

Rosane Pereira

Rosane Pereira es brasileña. Desde 1975 ha sido misionera de carrera junto con su difunto esposo, Carlos Córdoba. Tiene ocho hijos y cinco nietos. Es profesora de inglés y español, traductora y escritora. Es asimismo socia de Interconnect, pequeña empresa que vincula la traducción y el aprendizaje de idiomas con el turismo y el ecoturismo en la zona de Río de Janeiro.

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