Secretos de la oración

Secretos de la oración

En su libro A Year of Living Prayerfully (Un año viviendo en oración), Jared Brock describe con humor y agudeza el viaje que emprendió alrededor del mundo para descubrir y explorar los ejercicios, métodos, hábitos y estilos de oración que aplican los creyentes de distintos credos y países. Más que compilar una lista de técnicas, Brock quería experimentar la oración a cabalidad desde diversas perspectivas y desde el prisma de distintas confesiones religiosas. Así pues, él y su mujer dedicaron todo un año a la tarea.

Entre otros sitios, sus viajes los llevaron a:

  • Ontario, Canadá, donde un especialista en estrategias de oración le refirió las espectaculares respuestas de las que había sido testigo.
  • Nueva York, donde aprendió las tradiciones de oración de los judíos jasídicos.
  • Jerusalén, donde visitó diferentes santuarios e iglesias, indagó sobre la oración tradicional y ritualista y comprendió que la oración no consiste en las posturas corporales que se asumen, sino en la relación que se aspira a entablar y cultivar.
  • El monte Athos, en Grecia, donde los monjes residentes consideran la oración el arte de las artes y la ciencia de las ciencias, y encuentran inspiración en las plegarias repetitivas y una vida sencilla.
  • España, donde se sumergió en el misticismo y recorrió parte del camino de Santiago.
  • Francia, donde visitó el Monasterio Carmelita y conoció el lugar en que el hermano Lorenzo (Laurent) transformó simples tareas cotidianas en momentos de oración, ejercicios que se describen en el libro La práctica de la presencia de Dios. Posteriormente estuvo en la Comunidad de Taizé, un centro internacional de encuentro ecuménico en el que cristianos católicos, protestantes y ortodoxos oran colectivamente en paz y unidad.

Brock relata que quiso encontrar fórmulas rápidas, fáciles y eficientes para acercarse a Dios, pero descubrió que el verdadero sentido de la oración es simplemente estar con Dios.

No hace falta que demos la vuelta al mundo, como hizo Brock, para instruirnos sobre la oración. Basta con aprender a conectarnos con Dios empleando las tácticas de aproximación que más nos acomoden. Lo importante es estar con Dios, o hablar con Él, independientemente del método que elijamos.

Para algunos puede ser una oración cantada; para otros, una escrita. Muchas veces no tenemos más remedio que lanzar una oración breve; otras, nos conviene tomar más tiempo, desahogar nuestro corazón y seguidamente tener un rato de silencio para escuchar lo que Dios pueda respondernos al alma.

A veces nuestras peticiones son elocuentes y articuladas; otras, se nos traba la lengua y tartamudeamos. No hay que preocuparse. Dios oye cada oración y a todas les encuentra sentido, aun a las que nos salen a trastabillones.

A veces nos nace expresarnos campechanamente, con palabras sencillas; otras, tal vez nos animemos a orar con las Escrituras, parafraseando versículos o salmos.

En ciertas ocasiones quizás anhelemos retirarnos a un lugar solemne, tipo iglesia o santuario, o a un idílico rincón de la naturaleza donde podamos desconectarnos fácilmente del ruido y las distracciones del mundo; otras veces, puede ser que transitemos por una concurrida calle elevando oraciones por la gente que pasa a nuestro lado, o por un amigo o pariente desvalido, o por el lamentable estado en que se ha sumido el mundo.

La variedad es madre de la fecundidad, y también es un buen ingrediente de la oración. Un procedimiento habitual o un ejercicio mecánico contribuye a la concentración y la regularidad; pero también es aconsejable aventurarse a probar otros métodos y orar en distintos lugares o con gente con la que no se está acostumbrado a hacerlo. Siempre se puede aprender de las experiencias ajenas.

La Palabra de Dios nos da ciertas pautas, a saber:

Empezar con amor: «Todas vuestras cosas sean hechas con amor»1.

Tener el corazón limpio: «Si en mi corazón hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado»2.

Evitar las vanas repeticiones: «Al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería […]; porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan»3.

Por devoción, no por obligación: «Me buscarán y me encontrarán, porque me buscarán de todo corazón»4.

Con humildad: «No elevamos nuestros ruegos ante Ti confiados en nuestras justicias, sino en Tus muchas misericordias»5.

Con fe: «Pida con fe no dudando nada»6.

Sin abrigar resentimientos: «Cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenselo»7.

Vivir en armonía con las normas divinas: «Cualquiera cosa que pidamos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él»8.

Sin móviles egoístas: «Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres»9.

Conforme a la voluntad de Dios: «Esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye»10.

Lo que cuenta no es la cantidad, sino la calidad de nuestras oraciones. A Él le interesa más nuestra sinceridad que nuestra elocuencia. Presta oído a toda súplica que brota del corazón y con frecuencia responde en sentidos que nunca nos habíamos imaginado. Vale la pena confiar en Él.

1. 1 Corintios 16:14
2. Salmo 66:18,19 (NVI)
3. Mateo 6:7,8 (NBLH)
4. Jeremías 29:13
5. Daniel 9:18
6. Santiago 1:6
7. Marcos 11:25 (BLPH)
8. 1 Juan 3:22
9. Santiago 4:3
10. 1 Juan 5:14

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Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso —que firma algunos artículos con el seudónimo de Gabriel Sarmiento— es director de la revista Conéctate. Tiene una larga trayectoria como traductor e intérprete. Es además profesor, locutor, redactor de artículos motivacionales y escribe poesía. Ha vivido en tres continentes y desde hace 40 años es misionero voluntario de La Familia Internacional. En su cuenta en Twitter publica noticias, frases y reflexiones: @gabiconectate.

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