Una receta saludable

Una receta saludable

La oración en muchos casos se asemeja a la elaboración del pan: hay que mezclar los ingredientes, amasar, dejar leudar la masa y finalmente hornear el pan.

Primer paso: Mezclar los ingredientes. Al hacer pan, uno no echa en un recipiente cantidad de ingredientes al azar con la esperanza de que salga una barra de pan. Para conseguir algo medianamente comestible, hay que poner ciertos ingredientes bien específicos.

Dios escucha las oraciones de todo tipo y estilo, y le encanta responder, aunque no sepamos cómo ni por qué rezar. Sin embargo, es útil saber qué ingredientes suele haber en una oración. Eso nos da la confianza de que hemos hecho lo que nos corresponde y de que el resto está en manos de Dios. Veamos algunos ingredientes importantes:

1) Orar en el nombre de Jesús. En Juan 14:14, Jesús dice: «Lo que pidan en Mi nombre, Yo lo haré»1.

2) Ser claro y explícito. Exprésale a Jesús qué necesitas y qué quieres que provea para ti. Mateo 7:7 dice: «Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá»2. Para buscar en los lugares correctos y tocar a las puertas indicadas, hay que saber qué se quiere y qué se busca.

3) Invocar promesas de Dios. En Juan 17, dirigiéndose a Su Padre, Jesús dijo: «Tu palabra es la verdad»3. Las palabras y promesas de Dios son auténticas, son verdaderas.

4) Confiar en que la respuesta llegará. Santiago 1:6,7 dice: «Pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor»4.

5) Envolver la oración en alabanza y acción de gracias. El apóstol Pablo escribió: «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias»5.

Los anteriores son algunos de los ingredientes básicos de la oración, así como la harina, la sal, el agua y la levadura son ingredientes esenciales para hacer pan.

Segundo paso: Amasar. Una vez mezclados los ingredientes, hay que amasarlos. Esta parte puede llegar a ser tediosa. Para hacer pan, se estira la masa, se enrolla y se aprieta una y otra vez durante un buen rato.

No siempre nos parece que la oración implique un gran esfuerzo; con frecuencia es lo último que hacemos después de dedicar mucho tiempo a tratar de solucionar un problema por nuestra cuenta. Pero Dios a veces espera que perseveremos en oración hasta obtener una respuesta. Lucas 18:1 señala que es necesario «orar siempre, y no desmayar».

Tercer paso: Dejar leudar la masa. La fase final al hacer una hogaza de pan, antes de meterla en el horno, es esperar a que suba la masa, o sea, respetar el período de fermentación o leudado. En ese punto no se puede hacer mucho para acelerar el proceso. Uno se va y confía en que la levadura actúe. Hay que tener paciencia hasta que Dios responda, así como hay que esperar a que la masa leude6.

En algunos casos, después de aguardar un rato, la masa se golpea con los nudillos y se deja para que suba de nuevo. A menudo la oración también es así. Has hecho tu parte, has tenido fe, has orado con regularidad, has sido paciente, y así y todo cae un golpe que parece un rotundo no o una clara señal de que debes esperar. La fe te permite seguir confiando aunque parezca que tus oraciones se han desinflado de golpe. La fe es como la levadura en la masa, que hace que suba aun después de haberla golpeado. Hebreos 11:1 dice: «La fe es la certeza —la prueba o garantía— de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve».

Cuarto paso: Hornear el pan. Una vez que se pone el pan en el horno, de nuevo toca esperar. A veces esa puede ser la parte más difícil del proceso de la oración: esperar a que llegue la respuesta. Se percibe el aroma del pan en el horno —se siente que Dios está obrando—, pero lleva tiempo, y cuanto más grande sea la petición, más suele tardar la respuesta. Los panecillos se hornean en minutos, mientras que una barra de pan puede tardar casi una hora. La demora no significa que no habrá pan; quiere decir simplemente que hay que ser paciente un ratito más.

Una vez que la masa está en el horno, se debe confiar en que se cocerá bien. Por mucho que uno abra varias veces el horno y pinche la hogaza, no se hace más rápido. Hebreos 11:6 dice que cuando le presentamos a Dios una petición, debemos creer que Él existe y que premia a los que lo buscan. Hay que dejar el asunto en Sus manos y esperar a que el temporizador divino avise que ya está listo.

Ciertos panes tienen un mayor tiempo de elaboración. Unos necesitan pocos ingredientes; otros requieren mayor diversidad. Unos se preparan con rapidez; otros exigen más tiempo de leudado —hasta uno o dos días— antes de meter la masa en el horno. Lo mismo pasa con nuestras oraciones. Mezcla los ingredientes de tu oración, déjalos leudar con tu fe y encomiéndale a Dios los resultados.

1. NVI, énfasis añadido
2. NVI
3. Juan 17:17 (NVI)
4. NVI
5. Filipenses 4:6 (NVI)
6. V. Hebreos 10:36
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Marie Story

Marie Story

Marie Story —que también firma con el nombre de Marie Péloquin— vive en San Antonio (EE.UU.), donde trabaja como ilustradora independiente. Es consejeravoluntaria en un albergue para los desamparados.

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