Año Nuevo

En búsqueda de Ebenezer

Hacia finales del año pasado yo andaba intrigada con el nombre Ebenezer. Todo comenzó cuando lo escuché en un podcast cristiano; pero la persona que daba la charla no aclaró qué significaba. El término me quedó sonando durante días. Me preguntaba dónde lo había oído. Mis hijos se acordaron de que era el extraño nombre de pila del Sr. Scrooge en la famosa novela de Dickens Un cuento de Navidad; pero ese no era el Ebenezer que yo buscaba.

Arriba y adelante

Una breve ojeada a lo que fue…

Si te parece que has cometido errores, que has tomado decisiones desacertadas o incluso que has fracasado de manera lamentable, recuerda que no eres el único. Muchos grandes personajes de la Biblia también erraron; pero aprendieron de sus equivocaciones. Dios se acercó a ellos —justo cuando veían sus sueños y esperanzas truncados— y les dio una nueva razón de ser. 

Formar nuevos hábitos

El mes de enero, cuando se celebra el Año Nuevo en casi todo el mundo, toma su nombre del dios romano Jano. Dado que este tenía dos caras, podía ver simultáneamente el año que había terminado y el que estaba empezando. Era el dios de los comienzos y el guardián de las puertas.

En el albor del año

Verdaderamente fue un hermoso amanecer. La pálida luz del alba había ido cobrando intensidad hasta devenir un espléndido fulgor dorado, que al besar las nubes creaba tonalidades rosadas y anaranjadas. Era el anuncio de la llegada del nuevo año. Pero en aquellos momentos yo no estaba para sublimes sentimientos. Mientras observaba los rayos de sol danzar sobre las sábanas del hospital donde me encontraba, mis pensamientos giraban en torno a las circunstancias por las que había ido a parar ahí. 

El árbol serpiente

Cuando era niña, cerca de donde vivíamos había un edificio de departamentos en el que se alojaban estudiantes universitarios. Al final del año lectivo regalaban o vendían a muy bajo precio todo lo que no querían llevarse.

Borrón y cuenta nueva

Propuesta para el año que comienza

Comienza un nuevo año, y no sabemos lo que nos aguarda. Lo que sí tenemos claro es que podemos dejar atrás el pasado con todas sus preocupaciones, inquietudes, dolores, pesares y equivocaciones. No hay una sola acción que podamos deshacer ni una sola palabra que podamos retractar; pero si dejamos nuestras penas y cargas en manos de Dios, Él puede hacer borrón y cuenta nueva.

Cambios duraderos

El año que comienza es más que un nuevo período de tiempo. Se le puede asignar un sentido más profundo. Para muchos de nosotros representa una oportunidad de volver a empezar en alguna faceta de nuestra vida.

Quizá tenga algo que ver con el calendario sin estrenar, salpicado de fotos o imágenes inéditas, o con ese diario o agenda que acabamos de conseguir, cuyas páginas se nos presentan impecablemente blancas. O quizás el estímulo proviene de que millones de personas de todo el orbe —algunas estrechamente vinculadas a nosotros— se hacen nuevos propósitos y se trazan metas más elevadas para el año nuevo. Naturalmente, no queremos quedarnos atrás ni ser menos. Esa voz interior de alarma, ese sacudón que sufre nuestra conciencia colectiva, esa presión social a la que nos vemos sometidos, llámese como se quiera, lo cierto es que resulta eficaz… al menos por unos días. Claro que todos sabemos lo que suele suceder después.

¡Feliz día nuevo!

En la mayoría de los países el Año Nuevo se celebra el primer día de enero. Sin embargo, en Camboya, donde viví tres años, se celebra tres veces cada 365 días.

Para empezar, el 1º de enero se celebra el Año Nuevo internacional, más conocido por las fiestas nocturnas y sus consiguientes resacas.

Luego está el Año Nuevo chino, en enero o febrero. En el Año Nuevo chino se echan petardos, se visita a los parientes y se quema dinero falso en honor a los ancestros.

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