Dios, el griego y la gran esperanza

Dios, el griego y la gran esperanza

A pesar de todos los indicios de que nos esperan tiempos difíciles, el año nuevo me tiene animado. Me entusiasma esforzarme por alcanzar nuevas metas y superarme. El sustantivo entusiasmo viene del término griego enthousiasmós, cuya raíz es enthous, que significa «inspiración o posesión divina». Resulta interesante que inicialmente se usaba en sentido peyorativo para describir un celo religioso excesivo.

Demás está decir que no todas las mañanas me levanto de un salto loco de contento. Tengo mis dudas y aprensiones acerca de mi vida y el mundo en general. Pero en última instancia mi alegría se basa en un cimiento que no se deja estremecer por mis ojeras ni por plazos incumplidos, desacuerdos familiares, pérdida de amigos o falta de trabajo y de esparcimiento.

Quisiera que se me conozca como un entusiasta, un poseído por Dios, lleno de celo por la causa de Cristo, ferviente y apasionado en cuanto a mi fe y convicciones morales. El mundo necesita afanosamente hombres y mujeres que se proyecten más allá de la monotonía cotidiana, la rutina y la mediocridad de una vida de hastío y decepciones. El planeta se sume en una desesperanza y aflicción colectiva, y ni hablar de la degradación ecológica que avanza a paso aterrador. Al parecer no hay forma de impedir que ninguna de esas curvas descendentes llegue a un punto sin retorno.

Ante este futuro sombrío quisiera ser una luz que arde con esperanza, no la esperanza mía, sino la de Aquel que hace nuevas todas las cosas. Me propongo ser generoso con el amor, la bondad y el optimismo. Deseo que el Espíritu de Dios more plenamente en mí, pues así el desespero no tendrá cabida.

Quiero creer que no hay un punto sin retorno, pues Cristo hizo nuevas todas las cosas. Puedo ser entusiasta, estar lleno de Dios y rebosando de inspiración, pues por medio de Él tengo la capacidad de cambiar cosas.

Es un nuevo año, lleno de flamantes oportunidades. No esperemos ni un minuto más para empezar a cambiar el mundo para mejor, ahí donde estamos y con renovado entusiasmo.

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Si deseas experimentar «el gozo del Señor»1 empieza por rezar sinceramente esta sencilla plegaria o una parecida:

Gracias, Jesús por pagar el precio de mis pecados, faltas y errores para que pudiera alcanzar el perdón, dejar atrás el pasado y mirar hacia adelante con entusiasmo. Te ruego que entres ahora mismo en mi corazón y me concedas el don de la vida eterna. Amén.

1. V. Nehemías 8:10

Chris Mizrany

Chris Mizrany

Chris Mizrany es misionero, diseñador de páginas web y fotógrafo. Colabora con la fundación Helping Hand en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

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