Fuerzas para un año nuevo

Fuerzas para un año nuevo

Deberíamos superarnos cada año. Cada nuevo año debería ser como un nuevo peldaño en las escaleras, que eleva nuestros pies un poco más. No deberíamos quedarnos dos años en el mismo plano.

Muchos cristianos se cansan y pierden ímpetu en sus labores y deberes. Las tareas habituales y corrientes agotan y resultan pesadas y exigentes. La vida se torna aburrida en su monotonía, y a menudo parece que estuviéramos laborando en vano. Sembramos y no cosechamos. En muchos puntos del camino nos topamos con decepciones y caemos en el desaliento. Las esperanzas relucientes de hoy yacen mañana como flores marchitas.

Hay días en que nos sentimos desanimados, alterados, ansiosos por las preocupaciones, inquietos por el sinfín de distracciones de la vida, cansados y agobiados por las cargas. Nos sentamos con nuestra Biblia y Dios nos habla con sus palabras de ánimo:

«No se turbe vuestro corazón.»1

«No temas, porque Yo estoy contigo.»2

«Echa sobre el Señor tu carga.»3

«Mi paz os dejo.»4

«Bástate Mi gracia.»5

Y mientras reflexionamos sobre esas palabras, el cansancio se esfuma; sentimos que aumentan nuestras fuerzas; la esperanza revive, el valor vuelve. Quien lee la Biblia como la propia Palabra de Dios y escucha la voz de Dios en sus promesas, garantías, mandamientos y consejos, se fortalece continuamente.

Pero hay algo todavía mejor. Dios mismo se introduce en nuestra vida con todo Su amor y gracia. El profeta nos dice: «Al cansado Él da vigor, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas». Esto significa ni más ni menos que existe una importación directa de la fuerza divina para los seguidores de Dios en la tierra que desfallecen y se fatigan. Es una maravillosa revelación. Nos dice que el mismísimo poder de Cristo se nos entrega en nuestra debilidad, transmitido de Su plenitud a nuestro vacío.

Cualquiera puede acompañarnos en nuestros trances y quizá con su comprensión y cariño, con su aliento y su jovialidad puede hacernos un poco más fuertes; sin embargo, no puede poner ninguna fracción de su fuerza o alegría en nuestro corazón. Cristo, pese a todo, nos infunde fuerzas y nos hace partícipes de Su propia vida. Lo que la vid es para su sarmiento (rama), Cristo es para nosotros. Si el sarmiento está lastimado, dañado, roto y su vida gastada, la vid vierte su vitalidad en la parte herida para suplir su pérdida y curarla. Eso hace Cristo. Da fuerzas al fatigado. Su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Cuanto mayor sea nuestra necesidad, más gracia nos proporcionará Cristo. Por lo tanto, hay bendiciones que nunca obtendremos hasta que vivamos experiencias que nos pongan a prueba. No conoceremos el consuelo de Dios hasta que suframos dolor. Y a medida que aprendamos qué es el dolor, aprenderemos también que Dios da fortaleza y consuelo en el dolor.

¿Cómo podemos asegurarnos de recibir esa fuerza prometida? La respuesta es: «Los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas.»6 ¿Qué significa esperar en el Señor? Significa confiar en Dios pacientemente, creer en el amor de Dios, aceptar la guía de Dios, permanecer cerca del corazón de Dios, vivir en comunión ininterrumpida con Dios, apoyarse en Su brazo y obtener ayuda de Él.

Debemos continuar con nuestro trabajo, con nuestra lucha, con nuestras actividades y servicio, con la certeza de que, esperando en Dios, renovaremos fuerzas. Estamos en comunicación viva con Aquel que creó y llama las estrellas por nombre, que mantiene en existencia todo el universo y que no desmaya ni se fatiga. Él nos respalda todo el tiempo —con toda Su plenitud de vida, con toda Su fuerza primordial—, y cada vez que nuestra vida se vacía nos reabastecemos instantáneamente, porque Él da fuerzas al cansado.

Sobre todo este año que se abre entre nosotros, Dios arroja Su luz. No puede haber experiencia durante el año para la cual carezcamos de fuerzas. Dios nunca da un deber sin dar también la fuerza necesaria para cumplirlo. Él nunca nos impone una carga sin sostenernos bajo su peso. Él nunca envía un dolor sin enviar el consuelo para enfrentarlo. Él nunca nos llama a realizar un servicio sin proporcionarnos Su apoyo. Solo debemos asegurarnos de que esperamos en Dios; se nos concederá luego toda la fuerza que necesitemos a medida que avancemos, día a día.7

* * *

El mensaje que Dios transmite al mundo en épocas como estas es siempre: «Tú en realidad no estás a cargo. Tal vez pienses que te vas a preparar para la siguiente, pero no podrás. Tú no tienes control del mundo; está bajo mi dominio. Es preciso que recurras a Mí. No te das abasto para gobernar tu propia vida. Necesitas Mi sabiduría y necesitas Mi ayuda».

En cada desastre, sea el 11S o el covid-19, Dios le dice a Su pueblo: «A la postre voy a poner fin a todo esto. Pero por el momento este mundo está quebrado y cada vez que piensas que no necesitas de Mí y que puedes con todo ello, algo parecido a esto surgirá de la nada para recordarte que no es así, que necesitas de Mí». Tim Keller

1. Juan 14:1
2. Isaías 41:10
3. Salmo 55:22
4. Juan 14:27
5. 2 Corinthios 12:9
6. Isaías 40:31
7. Adaptación del artículo publicado en 1913. Fuente: https://gracegems.org/Miller/strength_for_a_new_year.htm.

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