Mi capitán

Mi capitán

A comienzos del año emprendí un viaje. Sentada al borde del agua, respirando el aire salobre del mar, tuve sentimientos encontrados de entusiasmo y vacilación al recorrer con la mirada el océano que tenía por delante. En el transcurso de mi viaje me enfrenté a algunas turbulencias y adversidades. El mar turquesa se convirtió en una gran masa oscura y revuelta de furiosas olas y espuma. La lluvia y los vientos azotaron implacablemente mi nave. Pero también hubo días de bendición y avance sostenido, en que el sol resplandecía sobre las olas y la suave brisa impulsaba mi barca hacia adelante.

No pasé sola por esas experiencias. Mi capitán, Jesús, estuvo conmigo. Juntos iniciamos cada día. Juntos capeamos las tormentas de la adversidad. Juntos nos reímos y disfrutamos del sol. Sabía que Él tenía un plan para nuestra travesía y que había trazado nuestro derrotero.

Aun así, hubo momentos en que puse en duda Su buen juicio, cuando sintiéndome débil y agotada por la lucha divisaba en el horizonte otra tempestad en ciernes.

—Jesús, ¿debemos sufrir más dificultades? —le imploraba—. Si me amas tanto como afirmas, ¿no puedes hacer que mi travesía sea menos penosa?

Sonriendo, Él me respondía afectuosamente:

—Créeme que te amo. Siempre te he amado y no dejaré de hacerlo en el futuro. Aunque a tu alrededor ahora mismo todo parezca tumultuoso y turbulento, será así solamente por un tiempo. Después de la tormenta el cielo se verá más despejado y hermoso que nunca. No tienes más que asir Mi mano. Yo te sacaré adelante. Busca las bendiciones que traen estas tempestades.

Aprendí que la clave está en permanecer cerca de Él hasta que desaparezcan los nubarrones. Y mientras esperaba descubrí cosas asombrosas. Durante aquellos días tormentosos percibí más que nunca Su amorosa presencia. Sus tranquilizadoras palabras me infundieron fuerzas, me calmaron los nervios y disiparon mis temores. Y ¿qué de las bendiciones de las que me habló? Ahora, en el umbral de un nuevo año, vuelvo la mirada atrás y veo que esas épocas de pruebas generaron en mí valor, fe y esperanza; valor para no darme por vencida a pesar de las complicaciones y contratiempos; fe anclada en un amor que nunca me ha defraudado; y esperanza en Jesús, que me ha trazado un plan perfecto no solamente para este año que comienza, sino para toda mi vida. 

Elena Sichrovsky

Elena Sichrovsky es educadora dedicada a la enseñanza del inglés y participa como voluntaria en labores misioneras en Taiwán.

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