Amor maternal sin límites

Amor maternal sin límites

Era un día de junio de un calor húmedo y pegajoso, anormal incluso para el verano. Los chicos del Calvert Country School, en la costa Este de los Estados Unidos, habían decidido que la actividad más apropiada para la ocasión era refrescarse con el sistema de riego del jardín.

Juntamente con tres amigos, todos ellos integrantes de La Familia Internacional, había sido invitada a aquel colegio para niños con impedimentos físicos y mentales para participar en su asado anual de graduación. Nos vestimos de payasos y nos pasamos la tarde charlando, riendo, regalando figuras de globos y pintando caritas.

Una de las cosas más lindas de ese día fue conocer a Melissa, de cinco añitos, y a su madre, Shirley. Una compañera mía le estaba pintando a Melissa una cara de tigre, de color naranja y negro, mientras Shirley, sentada en una silla detrás de la niña, le sujetaba suavemente los brazos para que no se moviera. Melissa, una bella niñita autista de pelo oscuro, parecía en todo momento tener la mirada perdida, menos cuando alzaba la vista para contemplar el rosto de su madre.

—¡Qué bonita! —le decía ésta repetidamente cuando la pequeña la miraba buscando su apoyo.

La niña absorbía todo el amor y los elogios con expresiones de alegría total. La ternura y la plena aceptación que su madre le comunicaba me trajeron lágrimas a los ojos. Yo había ido como voluntaria para ofrecer ánimo, sonrisas y aprobación a cada uno de los niños con quienes me relacionara, y sin embargo, inesperadamente, me vi conmovida por aquella hermosa manifestación de amor maternal.

Esa tarde en el Calvert Country School observé otras relaciones bellísimas entre madres e hijos, y me conmovió el desinterés y el amor incondicional que manifestaba cada uno de los padres y orientadores que estaban presentes. Aquella experiencia me inspiró un renovado deseo de comunicar cada día ese mismo amor maternal sin límites a mi propio pequeñín.

Dios nos da ocasión de percibir Su amor de manera inconfundible por intermedio de nuestra madre. ¡Feliz Día de la Madre! 

* * *

Todo el mundo sabe que una buena madre comunica confianza y estabilidad a sus hijos. Ella es su tierra. Es esa mujer con la que pueden contar para las cosas que más les importan. Es su alimento, su lecho y el cobijo que necesitan cuando hace frío en la noche. Es su calor, su salud y su refugio. Es la persona que quieren tener cerca cuando lloran, la única que puede representar todo eso para ellos a lo largo de su vida. No tiene reemplazo. De algún modo, hasta la ropa de ella parece tener para sus hijos una textura distinta. A un niño angustiado le basta con tocar su falda o su manga para sentirse mejor.

Katharine Butler Hathaway

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