Experiencias navideñas

Alegrías sencillas

El día del cumpleaños de mi madre me puse a pensar en ella y me di cuenta de que mi infancia estuvo marcada por algo muy particular: los ratos que pasábamos todos juntos. Más concretamente evoqué las Navidades de mi niñez. Lo que hacía que cada una fuera memorable no era la cantidad o el valor de los regalos que nos daban, ni las fiestas a las que asistíamos, sino más bien cositas sencillas.

¡A qué precio!

Me crié en la Rumania comunista, donde la religión estaba prohibida. Por eso, descubrir la Navidad no fue fácil para mí.

Sola en Navidad

Con el paso de los años, la Navidad ha cobrado diversos significados para mí. Cuando era niña, la Navidad era un lindo período de vacaciones. Escuchaba el relato del nacimiento en la escuela dominical, caminaba a casa en medio de la nieve, y me regalaban una bolsa de papel con una enorme naranja, nueces para cascar y un libro para leer.

El pedido

La primera Navidad que pasé en Taipéi, en la isla de Taiwán, oí por primera vez el clásico villancico Noche de paz en chino. Me impresionó mucho, y recuerdo pensar que debía aprenderme la letra. El primer verso fue fácil: a fin de cuentas, la mitad era el título de la canción; pero el resto se me hizo más difícil.

Como en mi casa

Era invierno, y acaba de arribar a Goa, antigua colonia portuguesa situada en la costa suroccidental de la India. Aunque me hallaba muy lejos de mi país, Brasil, enseguida trabé amistad con una joven pareja interreligiosa. Él era católico y ella hindú. Su matrimonio había sido rechazado por las familias de ambos. Habían instalado un pequeño restaurant en una playa que era muy frecuentada por turistas mochileros, y nos dejaban dormir en el local.

Cantando villancicos

Cuando mis hijos eran pequeños nos enteramos de una antigua tradición que hubo desde la Edad Media en diversas partes de Europa. Grupos de niños y jóvenes iban de casa en casa entonando villancicos y a veces recogiendo donaciones con fines benéficos.

Golosinas decembrinas

Se acerca la Navidad, y me pongo a pensar en luces de colores, arbolitos, regalos, villancicos, campanadas de iglesia y, lo más importante de todo, el nacimiento de nuestro Salvador, Jesucristo. Ahora bien, no sé por qué, pero me acuerdo también de los dulces de colores, las gotitas de chocolate, los bastoncitos de caramelo y las cerezas bañadas en chocolate de las Navidades de mi niñez.

La navidad la hacen los niños

En el centro de la Navidad yace el niño de Belén, que nació en este mundo, a menudo frío y hostil, para transmitirnos el calor del Padre celestial. La fiesta navideña partió por un niño, y son los niños los que la mantienen viva y vibrante.

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