Doblemente estimulante

Doblemente estimulante

Lo que me despertó en Starbucks

Me encontraba pasando una temporada con mi abuela justo en las afueras de la ciudad de Atlanta. En todos los aspectos era estupendo, salvo cuando tenía que trabajar conectado a Internet. Una mañana, poco antes de Navidad, como necesitaba responder a algunos mensajes importantes, decidí dirigirme al punto de acceso Wi-Fi más cercano y ocuparme de eso antes de hacer unas diligencias e ir por un café.

Llegué al primer sitio que encontré, y no conseguí conectarme a Internet. Fui a otro, pero no se podían enviar correos electrónicos a través de aquella red. Exasperado, me dirigí a Starbucks.

Aunque me costó encontrar estacionamiento, al cabo de un rato se desocupó una plaza. Como estaba atrasado decidí abrir mi portátil en el auto, conectarme con el Wi-Fi de Starbucks y responder los mensajes electrónicos desde allí. Cuando terminé, opté por pasar por la ventanilla de servicio en el auto de Starbucks para evitar la congestión que había dentro de la cafetería. Alcanzaba a ver una cola de 10 personas en la tienda, y solo un auto en el carril de atención en el auto.

Me detuve frente a la ventanilla y pedí un Venti Red Eye, un vaso grande de café con un poquito de expreso añadido. La chica que me atendió me indicó el total y avancé hacia la siguiente ventanilla. Al llegar, la dependienta me preguntó:

—¿Cuánto expreso quiere en el café?

Algo inquieto y confundido, le respondí:

—No entiendo. ¿No viene siempre igual?

—Sí, pero a veces la gente quiere doble cantidad de expreso. Y el auto anterior pagó la bebida de usted. Me dijeron que le deseara una feliz Navidad.

—¿En serio?

—Sí, señor. Me dijeron que le deseara una feliz Navidad y que añadiera a su pedido lo que usted quisiera.

—Está bien, entonces. Ponle el doble. Estás segura, ¿no?

—Sí, señor.  En un minuto estará listo.

Cuando trajo el café a la ventanilla, le pregunté,

—¿Qué pidió el auto que viene detrás?

—Un café grande y un donut.

—Bien, me gustaría pagar su pedido. Deséele una feliz Navidad de mi parte.

—Sí, señor. Lo haré.

—Y usted también, ¡que tenga unas felices fiestas!

Más distendido, con una sonrisa en el rostro y viendo mi pequeño mundo más objetivamente, emprendí el regreso a la casa de mi abuela.

Scotty Crowe es actor. Vive en Los Ángeles (EE.UU.).  

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