Navidad

Dios se lució

Se escucha el primer llanto, se corta el cordón umbilical, y los padres y todos los presentes —ya sea un obstetra y sus asistentes en una aséptica clínica moderna o una matrona tribal en una ancestral choza de paja— celebran con júbilo el prodigio que acaban de presenciar. El nacimiento de Jesús entrañó todo eso, pero también estuvo signado por al menos ocho milagros más.

Practicar el mensaje de los ángeles

En este agobiado mundo nuestro es difícil no sentirnos abrumados por los aluviones de malas noticias con que nos atosigan los medios. Los actos de terrorismo, las guerras, las catástrofes naturales y todo tipo de violencia y sufrimiento son pan de cada día. El mensaje de la Navidad —paz en la Tierra, buena voluntad para con los hombres— nunca había sido tan pertinente. Sin embargo, tengo a veces la impresión de que mis tentativas de hacer algo que influya para bien y produzca un cambio positivo son como gotitas de agua en medio del océano.

¿Qué me darás de regalo?

¿Qué puedes regalarme, a Mí, Rey de reyes y Señor de señores, que tengo Mi trono en el Cielo, y la Tierra por estrado?1 ¿Qué regalo puedes hacerme a Mí que lo tengo todo? ¿Qué podría hacerme falta? Pues obsequios que broten de tu corazón. Cualquier cosa que venga de tu corazón es un regalo que Yo aprecio enormemente.

Lo más importante

Versión navideña de 1 Corintios 13

Si adorno mi casa a la perfección con cintas de raso, guirnaldas de luces y brillantes esferas, pero no manifiesto amor, no soy sino una decoradora.

Si me esclavizo en la cocina, horneo docenas de galletas navideñas, preparo cenas gourmet y las sirvo en mesas exquisitamente dispuestas, pero no manifiesto amor, no soy sino una cocinera.

No nos dejará botados

Es estupendo pensar en el pesebre, en los ángeles y en la noche en que Jesús vino al mundo. Esos pensamientos nos acompañan unas semanas en la temporada navideña y hasta es posible que nos visiten ocasionalmente durante el resto del año.

Pero esa es solo una pequeña parte de algo mucho mayor. 

Dios con nosotros

Algunas personas no alcanzan a comprender cómo es que Dios bajó del Cielo y se encarnó; pero así fue. A mí no me resulta extraño. Es más, no me cuesta creerlo porque todos los días veo nacer a Jesús en el corazón de las personas. Él viene a morar en nosotros y transforma nuestra vida. Eso para mí es un gran milagro.

En pos de una estrella

Cada Navidad me imagino a los tres sabios viajando por el desierto en pos de aquella estrella misteriosa. Los visualizo avanzando de día por la tórrida arena y acampando de noche. No hay lugar en la Tierra en el que los cielos se vistan de belleza y misterio como un desierto en una noche diáfana. Veo a esos reyes magos sentados delante de sus tiendas, mirando maravillados los cielos, sin otras luces que los distraigan del sublime arte divino. Nunca antes se había visto aquella estrella. Debían de estar atónitos.

¿Por qué en un establo?

Dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.  Lucas 2:7

El Señor del universo podría haber escogido cualquier sitio como lugar de nacimiento de Jesús. Eso nos lleva a preguntarnos por qué optó por una estancia humilde donde se alojaba y se daba de comer a los animales, posiblemente un establo, aunque pudo haber sido una cueva o la habitación de huéspedes de un familiar.

<Page 3 of 11>
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.