Navidad

Vino a nosotros

Hace poco leí un artículo sobre la Navidad y el origen de nuestras tradiciones navideñas, incluidas las que podrían proceder de rituales o festivales paganos. Algo que me llamo la atención es que una de las verdades fundamentales acerca de Jesús es que Él nos acepta tal como somos.

Él dice que nunca rechaza a nadie que acuda a Él1. Su círculo de amigos no es un club exclusivo con estrictos requisitos de ingreso. Hace mucho más que aceptarnos; también es capaz de adaptarse para cubrir nuestras necesidades.

Villancicos inmortales

Algo que siempre me ha encantado de la Navidad es escuchar y cantar los hermosos villancicos que se han compuesto a lo largo de los siglos. Es más, me gustan tanto que a menudo los escucho en otras épocas del año. Muchos son obras maestras y me conmueven vivamente. Hace poco, mientras buscaba en Internet la letra de algunos de mis favoritos, capté como nunca la belleza de su poesía y la fuerza de lo que expresan.

Temporada mágica

En mi natal Colombia —lo he notado también en muchos otros países hispanoamericanos—, la tradición de los pesebres o nacimientos pervive con fuerza. Y se agradece, ya que contribuye en gran medida a la magia de la Navidad. Esa costumbre artesanal sigue bien arraigada a pesar de los embates mercantilistas de Papá Noel, alias Santa Claus, que querría destronarla como emisario malhadado de la modernidad. Pese a su prepotencia económica y propagandística, los chillones muñecos importados no han logrado desbancar lo autóctono, y así los pesebres y sobre todo el Niño siguen vivos y alegrando nuestras Navidades.

Dilo con mímica

En el juego de la mímica, el actor interpreta a una persona sin emplear palabras mientras los demás tratan de adivinar de quién se trata. Los personajes del relato del nacimiento de Jesucristo se podrían representar así:

Festejos para el cumpleañero

Un conocido columnista comentó la última Navidad que en su infancia los juguetes que más disfrutaban él y sus compañeros eran los de su propia invención: autos y patinetas de madera, y otros por el estilo. Con desechos de todo tipo, los niños de antaño armábamos ingeniosos cacharros que luego gozábamos como si se tratara de los últimos artilugios de la tecnología. Era otra época, claro, tiempos más sencillos, que añoramos, pero ya pasaron. Sin embargo, vienen a cuento ahora en estas Navidades tecnologizadas, en que las jugueterías están abarrotadas de artículos ultramodernos y en que todo el comercio exhibe cuanto invento y cachivache electrónico se nos pueda ocurrir, empañando y ensombreciendo la sencillez que debiera caracterizar la Navidad.

La flor de Nochebuena

Siempre me han gustado las hojas de la flor de Nochebuena o pastora, como le dicen en algunas partes. Yo daba por sentado que el lugar destacado que ocupa entre las decoraciones navideñas se debía a sus vivos colores rojo y verde. Pero resulta que hay toda una historia detrás de eso…

Repiquen las campanas

Que la alegría de la Navidad te inunde el alma, ya sea mediante el repique de las campanas, los coros de villancicos o el silencio de tu propio corazón. El motivo para celebrar es enorme: ¡Ha nacido Jesús!

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El mundo bulle de sonidos navideños. Si escuchas con el oído exterior, oirás villancicos, campanadas y risas, y de vez en cuando un gemido de soledad. Si escuchas con el interior, oirás el rumor de las alas de los ángeles, el murmullo de las expectativas interiores, el sonido sagrado del silencio más profundo y el susurro vibrante de la Palabra eterna.

Un cuento de Navidad

¿Qué evocamos cuando pensamos en la Navidad? Quizá regalos, pinos, luces, muérdago, buena comida, el nacimiento del niño Jesús, el año nuevo, el fin de lo viejo y probablemente, en el caso de muchos, Un cuento de Navidad.

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