Navidad

Un cuento de Navidad

¿Qué evocamos cuando pensamos en la Navidad? Quizá regalos, pinos, luces, muérdago, buena comida, el nacimiento del niño Jesús, el año nuevo, el fin de lo viejo y probablemente, en el caso de muchos, Un cuento de Navidad.

¡Qué dilemas!

El mundo en el que vivieron José y María, los padres de Jesús, era muy distinto del actual. Los dos probablemente eran todavía muy jóvenes cuando hicieron su compromiso matrimonial. En el antiguo Israel, una pareja quedaba comprometida cuando el hombre entregaba a la mujer una carta o determinada cantidad de dinero, por pequeña que fuera, ya en persona, ya por medio de un mensajero. También era requisito que declarara explícitamente, en presencia de testigos, su intención de casarse con ella. Al momento de efectuar el compromiso se redactaba un contrato matrimonial, al cual se avenían las dos partes. Una vez que la mujer se comprometía con un hombre, legalmente se la consideraba su esposa.

Regálale el corazón

Todas las obras que realizó Jesús en la Tierra tuvieron que ser muy importantes para que el Hijo de Dios bajara aquí a hacerlas. Sin embargo, cuando se examinan esas obras de suma importancia se observa que no todas ellas fueron lo que la mayoría de la gente diría espectaculares en el plano físico. Muchas de ellas —transformaciones espirituales— se realizaron sin mucho o, mejor dicho, sin ningún bombo. Muchas —Su diálogo con Nicodemo1, el perdón que le concedió a una mujer inmoral2 o Su encuentro con la samaritana3— no tuvieron, a primera vista, nada de extraordinario.

Sé un ángel

No hay mayor gozo ni mayor recompensa que tener un impacto marcadamente positivo en la vida de alguien. 
Sor Mary Rose McGeady (1928–2012)

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Deberíamos aprovechar la temporada navideña no solo para intercambiar regalos materiales, sino también para algo infinitamente más importante: entregarnos como personas. 
J. C. Penney (1875–1971)

A la luz de las velas

El recuerdo, como una vela, brilla más intensamente en Navidad.  Charles Dickens (1812–1870)

Enciendo esta vela de Adviento con ILUSIÓN…
El hecho de que no sepamos con exactitud la fecha del nacimiento de Cristo no tiene importancia; lo que importa es que nació. En medio de nuestra febril actividad, hagamos una pausa para pensar en el Salvador que vivió, murió y resucitó por nuestro bien1.

Mi regalo

¿Qué regalo te hice cuando vine al mundo? Ofrecí Mi vida por el perdón de tus pecados, para que de parte de Mí, por medio de Mí y en Mí pudieras tener vida1.

Todo comenzó cuando proyecté el increíble y hermoso mundo en que vives y te di la vida. Luego te brindé Mi vida, y con ella el acceso a la vida eterna. Y te infundo esperanza por medio del conocimiento de que soy eterno, inmutable, y nunca te dejaré.

El regalo que no abrí

Imagínate recibir un regalo de Navidad y tardar 17 años en abrirlo. Eso ni más ni menos es lo que hice yo. Año tras año desempaqué todos los demás regalos que recibí y los disfruté durante unos minutos o unos meses. Lo que no me explico es por qué no llegué nunca a abrir ese. Será porque de chico otros regalos me resultaban más llamativos, más deslumbrantes. Luego, cuando fui haciéndome mayor, me convencí de que ya sabía lo que había dentro del envoltorio y de que no me interesaba. Hubo años en que ni siquiera lo noté.

Cavilaciones sobre los reyes magos

Una parte de la historia de la Natividad que siempre me ha fascinado es la visita de los reyes magos.

El Evangelio de Mateo es el único que menciona a esos misteriosos hombres popularmente llamados reyes, pero que la Escritura denomina magos o sabios y sobre los cuales apenas nos da detalles.

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