Navidad

Intercambio de regalos

Mi nacimiento fue un amoroso regalo que Mi Padre le hizo al mundo, pero también un obsequio para ti personalmente, un obsequio que no ha perdido ni pizca de vigencia.

Para quienes vieron la estrella, el coro de ángeles o el niño en el pesebre, fue una experiencia espiritual inesperada y sobrecogedora. Para los benditos —pocos, por cierto— que reconocieron al Mesías en aquel bebito, fue un sueño hecho realidad. Para ellos y para muchos millones más que desde entonces han creído, es la puerta de acceso a la vida eterna. Y eso no ha cambiado en la actualidad. Si celebras la Navidad en espíritu y en verdad, puedes sentir la misma admiración y gozo inefable, y ser beneficiario de la misma promesa.

El espíritu navideño

Es Navidad cada vez que Dios se sirve de ti para manifestar Su amor a otras personas. Efectivamente, es Navidad cada vez que sonríes a un hermano y le tiendes la mano.

Madre Teresa (1910–1997)

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El mejor regalo de Navidad es vivirla con generosidad.
Richard van Dyke (1925–    )

Seis aspectos que me encantan de la Navidad

Para la mayoría de nosotros, hay ciertos aspectos o detalles de la Navidad que nos resultan particularmente atractivos. Estos son algunos que me gustan mucho a mí.

La generosidad

Me encanta la generosidad que se siente en el ambiente. Muchas veces en esas fechas hasta los menos desprendidos se tornan más dadivosos. Es una época en que los niños pueden aprender la dicha de compartir sus bienes con otros. Es asimismo una temporada en que todos pueden dar algo —tengan mucho o tengan poco— y encontrarlo gratificante.

Regálame tu gratitud

¿Qué puedes obsequiarme esta Navidad? Un regalo que en todo momento me fascina es un corazón lleno de gratitud. Me haces feliz cuando aprecias las bendiciones que te concedo, sean grandes o pequeñas, pues me deleita verte feliz. Me agrada verte sonreír, y eso a su vez me hace sonreír. Me encanta verte reír, y es un gusto para Mí reír contigo. Cada sonrisa o carcajada me dice que me amas y me aprecias.

Los tres reyes magos

Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El Amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

Ocasión para amar

Para muchos de nosotros, desde muy pequeños, la Navidad ha sido siempre una época singular. Celebrábamos el nacimiento de Jesús, intercambiábamos regalos y visitábamos o recibíamos en casa a familiares y amigos. Pero la Navidad no es solamente una ocasión de disfrutar de esas dichas. Es también el mejor momento del año para dar a conocer a nuestro amado Salvador. Es tal vez cuando la gente más piensa en ese milagro que constituye el alma de la Navidad: que Dios enviara a Su propio Hijo al mundo para reconciliarnos con Él. Hasta en las culturas no cristianas mucha gente se muestra interesada en entender el verdadero sentido de la Navidad.

Recuperar el sentido

Jesús renunció temporalmente a los derechos que le otorgaba Su ciudadanía celestial a fin de hacerse habitante de este mundo. Aunque era rico, por nosotros se hizo pobre, a fin de enriquecernos por medio de Su pobreza. No solo asumió nuestra forma corporal, sino que también se ajustó a nuestro modo de vivir, nuestras costumbres, idioma y vestimenta a fin de comprendernos mejor y comunicarse con nosotros en el modesto plano de nuestro entendimiento humano. Lo hizo con el ánimo de transmitirnos Su amor, manifestarnos Su compasión e interés y ayudarnos a entender Su mensaje en términos sencillos e infantiles que pudiéramos captar.—David Brandt Berg

El papel de los ángeles

Dios envía un profeta para preparar el camino.

Un ángel se aparece al sacerdote Zacarías y le dice que su mujer, Elisabet, dará a luz un varón a pesar de que hace años que no está ya en edad de concebir. Le indica además que han de llamarlo Juan. El ángel explica también que Dios envía la criatura para preparar el camino del Mesías. Ese niño se convirtió en Juan el Bautista (Lucas 1:5–25).

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