Cavilaciones sobre los reyes magos

Cavilaciones sobre los reyes magos

Una parte de la historia de la Natividad que siempre me ha resultado particularmente fascinante es la visita de los reyes magos.

Mateo es el único Evangelio que alude a aquellos misteriosos hombres, popularmente llamados reyes, pero que la Escritura denomina magos o sabios y describe los obsequios que llevaban consigo: oro, incienso y mirra.1

Nos dice Mateo que vinieron de Oriente, un término muy amplio. Podrían haber procedido de una región tan cercana como Mesopotamia o de lugares tan lejanos como las tierras que hoy constituyen la India o Asia Central. La creencia generalizada es que provenían de Persia, que era entonces parte del Imperio Parto, un implacable enemigo de Roma.

¿Les habría llevado dos años viajar desde Persia a Jerusalén? Una caravana de camellos viajando en línea recta haría el trayecto en unos 25 días. Es de suponer que se desplazaban con bastante lentitud o que dieron un rodeo en su ruta, o bien que pasó un tiempo bastante largo antes que emprendieran viaje. Presumo que fue una combinación de los tres factores, eso sin mencionar la necesidad de cruzar una frontera hostil entre imperios que estaban periódicamente en guerra.

Si bien los magos persas eran conocidos por su afición a estudiar las estrellas, me pregunto cómo sabían que el astro que avistaron señalaba el nacimiento del «rey de los judíos». En ningún pasaje de los libros sagrados hebreos figura que aquel rey elegido sería anunciado por una estrella nueva. ¿Había acaso alguna evocación de ello en las propias tradiciones de los magos? ¿Qué aureola tenía para ellos el nacimiento de un rey en un pequeño reino enemigo al oeste de su tierra, a tal punto que se sintieron obligados a embarcarse en un largo y peligroso viaje para verlo? ¿Qué conocimientos secretos poseían aquellos sabios?

Mateo nos dice que vieron a María y al niño «en la casa»,2 no en un establo como se describe comúnmente. Lucas también nos revela que desde el nacimiento de Jesús, María y José llevaban una vida normal: Cuando Jesús tenía ocho días lo llevaron para circuncidarlo.3 Al cumplir 40 días lo llevaron al templo de Jerusalén para dedicarlo a Dios y ofrecer el acostumbrado sacrificio ritual para la purificación de María después del parto.4

¿Y qué hay de la estrella? No exagero si digo que casi todos los años leo alguna nota sobre personas que estudian minuciosamente los datos astronómicos de la época del nacimiento de Cristo con el ánimo de localizar un cometa, una supernova o algún otro fenómeno astral que podría corresponder con la estrella de la Natividad. Dudo que alguna vez se encuentre uno, ya que esa estrella era diferente a cualquier otro cuerpo celeste que haya existido. Mateo nos dice que los sabios la habían avistado desde su punto de observación en oriente y que descifraron su significado. Pero luego pareciera que no la volvieron a ver hasta después de encaminarse de Jerusalén hacia Belén, población situada a poco más de una hora de trayecto en camello. Mientras los reyes magos se acercaban a Belén, la estrella reapareció «hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño». ¿Qué otra estrella aparece de repente y se detiene sobre una casa? ¿Será que después de todo no se trataba de una estrella?

El Evangelio de Lucas nos dice que una luz muy brillante apareció en el cielo la noche del nacimiento de Cristo.5 ¿Será que aquella «multitud de las huestes celestiales» iluminó con tanta intensidad el cielo nocturno que aquellos sabios astrónomos la confundieron con un flamante cuerpo celeste? Lucas dice que después que el coro celestial terminó de cantar se elevó hacia el cielo. No olvidemos que los magos afirmaron haber visto a la estrella ascender. ¿Pudo haber sido aquel el resplandor que apareció sobre la casa de María y José? ¿Por qué no? Por lo que sabemos, aquel matrimonio era visitado con frecuencia por ángeles.6

Por último, se hace mención a unos obsequios. El hecho de que eran tres dio origen a la tradición de que fueron tres los magos que vinieron a adorar al niño. La verdad es que pueden haber sido apenas dos, o un número indeterminado... tal vez muchos. Entiendo el motivo por el que le regalaron oro, pero ¿por qué el incienso y la mirra? Esas dos sustancias resinosas eran más caras por unidad de peso que el oro y se obtenían a partir de árboles cultivados, entre otros lugares, en lo que hoy es Yemen.

Los judíos preparaban con incienso y mirra la mezcla de resinas y hierbas que ardían sobre el altar reservado para tal efecto en el templo. Para Dios, aquella mezcla era de tal trascendencia que cualquier judío que empleara la misma receta y la quemara en su casa había de ser exiliado. Es, desde luego, premonitorio que el incienso utilizado para rendir culto a Dios en el templo fuera ofrecido por los magos en prenda de adoración. No sé muy bien qué uso podrían haberles dado a esas esencias María y José. Tal vez las vendieron en Egipto para cubrir sus gastos de subsistencia. De algún modo tenían que solventar su estadía.

En todo caso, los magos llegaron, adoraron y, advertidos por Dios de que Herodes pretendía matar a Jesús, retornaron a su país por otra ruta.

1. V. Mateo 2:1–12
2. Mateo 2:11
3. V. Lucas 2:21
4. Lucas 2:22-24
5. V. Lucas 2:8–13
6. V. Mateo 2:13,19-20

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Phillip Lynch

Phillip Lynch

Phillip Lynch es escritor, nacido en Nueva Zelanda y actualmente residente en el Canadá. También ha redactado diversos artículos y libros con el seudónimo de Scott MacGregor.

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