Idear una mejor Navidad

Idear una mejor Navidad

Ebenezer Scrooge y el Grinch… ¿Alguna vez has simpatizado con ellos cuando se te venía encima la temporada navideña? O quizá no llegaste a ese extremo, pero a lo mejor nunca sentiste ese cálido cosquilleo que tantos sienten cuando la Navidad se aproxima. Por eso pregunto: ¿No te gustaría idearte una mejor forma de celebrar este año la Navidad?

Hace algunos años estaba trabajando en un artículo navideño para una página de Internet dirigida a niños y me encontré con este dato que me dejó perpleja: «A comienzos del siglo XIX, la Navidad [en Norteamérica] casi había desaparecido. Por ejemplo, el periódico The Times no mencionó ni una sola vez la Navidad entre 1790 y 1835».1

Llena de curiosidad, le pregunté a Google a qué se debía que las fiestas de pascuas casi hubieran desaparecido en ese periodo de la historia de los EE.UU. Resulta que muchos de los colonos norteamericanos del siglo XVII eran puritanos, un grupo de protestantes muy rigurosos que pensaban que la Navidad era una celebración católica y que por tanto no debía festejarse.2 De ahí que durante los siguientes doscientos años, hasta comienzos del siglo XX, la mayoría del pueblo estadounidense no celebrara la Navidad y los que sí la festejaban lo hicieran muy discretamente.

La fecha tampoco se celebraba en la Inglaterra de Oliver Cromwell. Aunque en 1660, dos años después de la muerte de Cromwell, se levantó la prohibición y se instauró nuevamente el festivo navideño.3 Dadas esas circunstancias, desde la mitad del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII —por espacio de casi 150 años— las celebraciones navideñas pocas semejanzas tenían con las actuales. Fue durante la era victoriana que se adoptaron la mayoría de las tradiciones que hoy celebramos. Ahora bien, ¿qué produjo ese cambio? Mucho tuvo que ver en ello un narrador que escribió una novela sobre la Navidad.

En 1843 el novelista británico Charles Dickens (1812-1870) escribió Un cuento de Navidad. Aparte de la narración original que nos ofrecen los Evangelios, la novela de Dickens es uno de los relatos navideños más difundidos de todos los tiempos. En ella el autor idealiza una Navidad de ciertas características, en las cuales basamos muchas de las percepciones que hoy tenemos de la fecha. Uno se imaginaría que una descripción tan espléndida de la Navidad al estilo Dickens, tal como la celebraba la familia de Tiny Tim, sería un reflejo de cómo se festejaban las Pascuas en Inglaterra: el árbol, los villancicos, la cena con pavo, la familia reunida, los regalos… Pues nada más lejos de la realidad. Por lo menos no era así en esa época.

«Cuando leemos o escuchamos Un cuento de Navidad», dice Bruce Forbes4 en una entrevista concedida a un programa de radio, «no vemos un reflejo de cómo eran las navidades en su época; estamos viendo más bien cómo deseaba Dickens que fueran.»5

A comienzos del siglo XIX «había muchísimo desempleo —afirma el estudioso de Dickens, John Jordan—, mucha miseria, y Dickens vio la Navidad como una especie de fuerza capaz de contrarrestar los efectos negativos de la revolución industrial.»6 Hay que agradecer, pues, a Charles Dickens por proyectarse más allá de las celebraciones que tenían lugar en su época y crear un arquetipo de algo mucho mejor.

Me he ido un poco por la tangente; pero lo que quiero decir es que nada puede detenerte de crear tus propias tradiciones navideñas que tengan para ti un significado especial.

Cuando yo era joven y se acercaban las festividades navideñas, me invadían sentimientos parecidos a los de Scrooge. En cambio, en los últimos años he llegado a disfrutar de la Navidad, y creo que tiene mucho que ver con haber creado mis propias tradiciones navideñas, o recordarme a mí misma el sentido de antiguas tradiciones. He llegado a comprender que las tradiciones cumplen su papel mejor cuando se hacen para conmemorar algo que no debemos olvidar y que deberíamos honrar sin falta.

Expongo a continuación tres preguntas que quizá te ayuden a descubrir e idear unas tradiciones que te encanten. Tal vez se trate de cosas que hiciste en el pasado, pero que debieras abordar desde una nueva perspectiva o con renovada pasión.

No tienes que estar atado al modo en que otros festejaran las navidades en el pasado, pues al menos para mí, las tradiciones navideñas deberían centrarse en conmemorar el amor. En mi opinión esa es la piedra de toque para calibrar si tu nueva tradición navideña sirve o no.

¿A quiénes les tengo cariño?
Elabora una lista de todas las personas importantes para ti. Celebra tu amor haciendo algo con ellas o para ellas, algo que les resulte significativo. Podría ser leer juntos un libro durante las navidades y celebrar así el compañerismo y la amistad que comparten. Se puede también redactar una lista de cosas que harán juntos día a día en las semanas previas a la Nochebuena. Otra posibilidad es obsequiarle a un ser querido frases, canciones o cualquier detallito o ridiculez que lo elogie.

No hay que ceñirse a ninguna norma; lo importante es demostrar cariño a quienes amas. Eso, por supuesto, variará de persona a persona. Así que coge papel y lápiz, y ponte a escribir.

¿A quién desea Jesús que le demuestre amor?
Sabemos que Jesús ama a todo el mundo. Y es fácil abstraerse pensando en la gente del otro lado del orbe a la que Jesús ama; porque si está a 10.000 kilómetros, está demasiado lejos como para que le puedas demostrar Su amor. Por eso no hablaré de esas personas que están a leguas de distancia. ¿Qué hay, más bien, de la gente de tu entorno, de tu colegio o de tu barrio?

¿Se te están dando este año oportunidades de demostrar cariño a algunas personas? Tómalas en consideración. Y si decides aprovecharlas, no solo actúes en lo mental —esa parte que capta racionalmente que Jesús ama a los demás—, sino también en lo sentimental, desde el corazón, que te dirá que para ello tendrás que salir de tu zona de comodidad.

¿Cómo puedo celebrar el amor?
Hace poco compré un libro de manualidades para niños que traía una sección de actividades navideñas: cofres de madera, soldaditos pintados, alas de ángel, etc. La idea que pienso probar es la de las bolsas de papel decoradas que sirven para sustituir los botines navideños en los que se depositan regalos. Escribiré cartas y hurgaré por ahí a ver qué regalitos encuentro para meter en las bolsas de mis sobrinos que llevarán rotulados sus nombres.

Puede que suene cursi, pero últimamente como que las cosas han ido adquiriendo para mí cierto carácter sagrado durante la Navidad. Supongo que se debe a que con cada actividad que realizo, cada bandeja de galletas que horneo, cada noche que me comprometo a pasar con mi familia o amigos, sé que lo hago —o trato de hacerlo— movida por ese algo divino que llamamos amor.

Decide qué cosas lindas harás por las personas que amas, baña tus acciones en amor y establecerás una de las mejores tradiciones navideñas.

Me encanta la idea de que desde hace larguísimo tiempo, innumerables personas en las más diversas partes del mundo se han reunido y han hecho algo de cierta forma en particular para celebrar determinado suceso o idea. Ahí es cuando las tradiciones alcanzan su punto óptimo: cuando se hacen para conmemorar algo que nunca debe olvidarse; solo que la forma de hacerlo puede ser distinta de como se ha venido haciendo hasta ahora. ¡Echa mano de tu creatividad!

Si la idea de la Navidad te parece un tanto árida y rancia, ojalá te acuerdes del hombre que imaginó una mejor Navidad, y cómo tú también puedes ingeniarse una mejor para ti.

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Aaliyah Williams

Aaliyah Williams es editora y autora de contenido.

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